Libros para siempre

Con el comienzo del curso escolar entra de lleno en la actualidad el problema de los libros de texto. El silogismo es fácil: todos los niños y niñas tienen derecho a la educación púbica y gratuita. Los libros de texto son herramientas imprescindibles para la educación. Luego todos los niños y niñas tienen derecho a acceder gratuitamente a los libros de texto. No hay más que discutir: los libros de texto deben ser gratuitos para todos. Y punto.

Naturalmente, atender este derecho universal cuesta dinero y es lógico que las administraciones públicas procuren minimizar los costos y optimizar el uso del dinero público. Para ello se han puesto en marcha medidas como  el programa “releo” en Castilla y León que facilita el reciclado de libros escolares de segunda mano en buen estado. O el establecimiento de límites de ingresos familiares para acceder a las ayudas para material escolar.  Son medidas bienintencionadas y útiles, pero tienen efectos secundarios indeseables.

El problema principal es que se transmite a la población infantil una idea equivocada sobre la naturaleza y el valor de los libros. Deberíamos recuperar la distinción neta entre material escolar perecedero y libros escolares de texto.  Un cuaderno, un estuche de lápices de colores, son material escolar perecedero. Un libro de matemáticas, una enciclopedia de ciencias naturales, un diccionario de inglés  o un manual de historia son libros de texto de usos múltiples. Así que el material escolar es perecedero, y por su propia naturaleza no se puede reutilizar. Sin embargo los libros de texto sí ser pueden reutilizar, pero solo si renunciamos a su propiedad. Así que no podemos enseñar a nuestros niños a apreciar la importancia de tener y conservar los libros de texto y de consulta cuya utilidad se extiende mucho más allá de la etapa escolar.

Un remedio parcial a este problema es facilitar el acceso a los libros de consulta a través de internet. Está bien. La red permite que cualquier niño pueda acceder libremente a sus fuentes de información y que esas fuentes permanezcan en la red para siempre, lo mismo que los libros de una biblioteca. Así que una política de acceso universal y gratuito a los libros de texto debería incluir también el acceso universal, gratuito y permanente a la red de internet.

Y aun así creo que sería bueno mantener el acceso a libros impresos en régimen de propiedad. Pero esto significa que dejemos de tratar a los libros impresos como material desechable, de usar y tirar, y pasemos a considerarlos como parte del patrimonio cultural de nuestros hijos. Nuestros niños y niñas no solo tienen derecho a acceder a su material escolar, también tienen derecho a formar su pequeña biblioteca de libros impresos, libros para siempre, no solo de usar  tirar.