El nombre de la rosa

Ha fallecido Umberto Eco. Con él se va una de las últimas grandes figuras intelectuales del siglo XX. Conocido científico humanista y experto en semiótica y comunicación, en 1980 accedió a la fama universal gracias al éxito de su primera novela, El nombre de la Rosa, de la que se han vendido más de 50 millones de ejemplares. Desde entonces su personalidad y sus obras literarias han despertado la curiosidad de los lectores por todo el mundo y se ha consagrado como  un autor sumamente culto, capaz de contar historias apasionantes plagadas de profundas ideas sobre el sentido de la vida, el valor del conocimiento y el alcance de la sabiduría humana.

El misterio de su primera novela  empieza desde el título. Por qué El nombre de la rosa? En realidad se trata de un complejo  relato del genero  policiaco, en el que un fraile ( Guillermo de Baskerville) y su ayudante (Adso) desentrañan una trama de crímenes en torno a la biblioteca de una antigua abadía del siglo XIV. Sólo al final del libro el lector se encuentra con una frase en latín que explica el sentido profundo de una obra (y seguramente también de todo el pensamiento de Umerto ECO)inspirada en la filosofía nominalista del siglo XIV. La frase en latín reza así “Stat prístina rosa nomine. Nomina nuda tenemus”: Es decir La rosa permanece pura en su nombre; solo los nombres perduran.

La celebridad de Humberto Eco es anterior a la eclosión de las redes sociales como soporte de la nueva era de la información. De hecho su lucidez le llevó con frecuencia a distanciarse de la banalización de la cultura que parece imparable de la mano de las nuevas tecnologías. En otra de sus grandes novelas, El péndulo de Foucault,  aparece esta irónica reflexión referida al ordenador: “Oh máquina maravillosa: no te ayuda a pensar, pero te ayuda a pensar por ella”

Sin embargo la blogosfera se ha llenado estos días de comentarios sobre él. Citaré uno que me ha parecido especialmente lúcido y profundo (publicado por Jorge en un blog de física d ela materia condensada de la Universidad de Kent): “El nombre de la rosa, – dice allí Jorge- puede interpretarse como una parábola post-postmoderna de la investigación científica.  Tal como Guillermo de Baskerville le explica a Adso, nuestras teorías científicas pueden estar equivocadas, pero nos permiten alcanzar una verdad que otra teoría puede describir y que jamás habríamos alcanzado de otra forma. Y naturalmente esta nueva verdad está sujeta al mismo relativismo y así sucesivamente hasta el infinito. Pero ahí fuera hay siempre algo que descubrir y eso es lo que importa”.

Gracias, Umberto Eco, por recordarnos lo grande que es el frágil y endeble espíritu humano. Tu nombre perdurará para siempre.