La política como espectáculo

He estado reflexionando sobre la actualidad política de las últimas semanas. Recordemos. En política internacional Donald Trump sigue animando el cotarro con sus mensajes en la red de twitter. Cada mañana nos sorprende con un exabrupto que ya ni siquiera nos molestamos en saber de qué trata. En realidad lo único que interesa es el tono de sus improperios, lo osado de sus insultos y el ínfimo nivel de inteligencia política o cívica que ponen de manifiesto. Tan ínfimo que da vergüenza reconocer que se trata nada menos que del líder de la mayor potencia del mundo. Hay precedentes históricos, desde luego, pero tenemos que remontarnos a dos mil años atrás para encontrarnos en la cima del poder mundial a un payaso sanguinario como Calígula, el emperador romano que quiso nombrar cónsul a su caballo. Por el momento Donald Trump no ha llegado a tanto, pero no lo necesita. Ya llama suficientemente la atención con sus propias extravagancias. Recordemos: predica las virtudes de la tortura, pretende prohibir la entrada a Estados Unidos en base a las creencias religiosas que profeses o, peor aún, que profesen tus vecinos, humilla a los mexicanos, en fin….Un espectáculo de circo, pero sumamente peligroso, si pensamos que está animado por quien tiene en su mano el poder de desencadenar una guerra mundial.

¿Y en el suelo patrio?

Estoy impresionado. Hace una semana coincidieron los congresos de dos de los partidos políticos más importantes en la actualidad: el PP y Podemos. En ambos partidos ha ganado el sector que controla el respectivo aparato organizativo. Rajoy con el 95% de los votos, Pablo Manuel Iglesias con la mayoría absoluta de los miembros del comité de dirección, y con todas las propuestas que ha presentado, aceptadas de forma contundente por la mayoría de los votantes. Pura democracia consolidada en ambos casos. Y un mensaje muy claro: unidad hacia dentro de las organizaciones políticas, (porque la división interna resta votos), y solidez impenetrable hacia afuera (porque en tiempos de tribulación, no hay que hacer mudanzas).  ¿Hay algo nuevo en el panorama político después de estos dos espectaculares congresos? Pensémoslo bien: no hay nada. Rajoy no tiene nada que cambiar, puesto que sin moverse de su poltrona cosecha éxitos tan notables. Y Podemos no necesita cambiar la línea de un dirigente que ya de antemano contaba con el apoyo cerrado incluso de sus contrincantes. ¿Alguien sabe qué políticas se han aprobado en Podemos o en el PP?. Nadie. Y no porque se oculten, es porque no importan. Lo importante no es lo que se ha aprobado sino el espectáculo de la aprobación plebiscitaria y masiva. Es todo lo que hay: el espectáculo.

 

Onda Cero Salamanca, 14/02/2017

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La obligación moral de resistir a Donald Trump

Llevo tiempo resistiéndome a hablar de Donald Trump, pero ya no puedo aguantar más, porque hemos llegado a un punto en el que el silencio sobre este señor puede ser irresponsable e inmoral.  Desde que empezó la campaña de las elecciones presidenciales en Estados Unidos hemos tenido que soportar una larga lista de inconveniencias. Primero eran anecdóticas: un exabrupto en la campaña, una jugada mediática contra su rival. Luego fue subiendo el tono de los improperios y ofensas de este señor, que más que un candidato a la presidencia de Estados Unidos parecía un simple payaso profesional, contratado por las cadenas televisivas para animar la campaña. Y poco a poco fue apareciendo el substrato sólido de este extraño candidato. Todo lo que nadie en su sano juicio se hubiera atrevido a decir  fue utilizado por Tremp en la campaña:  declaraciones machistas que daba vergüenza escuchar, amenazas de matón, sandeces de política exterior, mentiras sobre Hilary Clinton, insultos a los periodistas. Y a la vez todo un programa de iniciativas absurdas acumuladas: el muro de México, las barreras proteccionistas, la negación del cambio climático, campañas de persecución contra grupos enteros de países, por razones racistas y de discriminación religiosa. Era tan increíble lo que sucedía ante nuestros ojos que muchos no dimos crédito y pensamos que se trataba de un pequeño accidente en el despliegue de sorpresas y trucos mediáticos de compaña.

Pero no. Ahora ya vemos, sin lugar a dudas, que no se trata de trucos para movilizar a electores rabiosos, ni se trata de un cúmulo de exabruptos momentáneos que la dureza de la realidad política del gobierno de cada día reducirá a un mal recuerdo. No, este señor se ha cuidado mucho de dejar claro quién es y lo que quiere. Y está claro que se trata de un caso patológico ¿Alguien puede, por ejemplo, imaginar a cualquier líder mundial defendiendo en público la legalidad y la utilidad de la tortura? ¿Se puede negar la entrada al país, a miles y miles de ciudadanos y residentes americanos por el mero hecho de que practican una religión distinta y da la casualidad de que el día en que Trump firmó su decreto xenófobo volaban de regreso a casa?

Algunos intelectuales y estudiosos de la política se preguntan cómo ha sido posible que lleguemos a este punto. Y hay quien se arriesga a vaticinar que estamos ante un fenómeno de largo alcance, de descomposición del régimen democrático liberal y de auge de los populismos incontrolables con deriva hacia políticas pos conservadoras y neo reaccionarias. Yo no lo puedo creer. Prefiero pensar que el caso Trump es simplemente una anomalía de la naturaleza y de la política, una fiebre agresiva y peligrosa, pero pasajera, y que algún día todo volverá a ser como antes.

Mi amigo Javier Muguerza, especialista en filosofía moral, suele reivindicar que la base de la racionalidad práctica no está tanto en los ideales de justicia por los que se lucha cuanto en la capacidad de resistir a las injusticias.  Eso quiere decir que ante Trump solo hay una respuesta racional y moralmente aceptable: la resistencia activa.

Onda cero Salamanca 31/01/2017