El efecto Matilde y el síndrome de Pigmalión

En la sociología de la ciencia hay una expresión bien conocida, denominada Efecto Mateo, cuya formulación se atribuye a Robert Merton. La expresión se refiere al episodio del Evangelio de San Mateo en el que Jesús dice a sus discípulos: “Al que tiene mucho se le dará más”. Pero la segunda parte del versículo de San Mateo dice “y al que tiene poco aun lo poco que tiene se le quitará” (algo así como “a perro flaco todo son pulgas”, en el refranero castellano). Y es esta segunda parte la que en los años noventa, la investigadora Margaret Rossiter propuso para identificar la situación de muchas mujeres científicas, a las que les cuesta trabajo alcanzar el éxito en su carrera: a duras penas consiguen el reconocimiento de sus colegas y, cuando lo logran, se arriesgan a perder lo poco que consiguen en cuanto se descuidan: trabajan como los hombres o mejor, pero los premios Nobel se los llevan sus compañeros. Por contraposición propuso que  esta segunda parte del efecto Mateo, que afecta especialmente a las mujeres científicas, se denominara efecto Matilde

Hace unos días tuvimos la ocasión de hablar de todas estas cosas con Eulalia Pérez Sedeño, catedrática de Filosofía de la Ciencia, que presentó en la Librería Letras Corsarias su último libro, con título provocativo: Las `mentiras` científicas sobre las mujeres. En el libro se narran multitud de episodios de la historia de la ciencia en los que las mujeres son siembre postergadas frente a su colegas masculinos. Uno de esos episodios fue el experimento social que dio lugar a la caracterización del síndrome de Pigmalión.

Se trata de un experimento que se realizó en San Fracisco en los años 60. Se seleccionaron dos grupos de escolares, de forma aleatoria. A los profesores de uno de los grupos se les dijo que sus alumnos eran todos muy inteligentes, aplicados y brillantes y que era de esperar que obtuvieran resultados académicos superiores al promedio. A los del otro grupo no se les dijo nada. Al cabo de un año se comprobó que el grupo prometedor obtenía efectivamente los mejores resultados académicos. Se conoce como efecto Pigmalion por referencia al mito clásico de Pigmalión que se enamoró de la estatua de una mujer que él mismo había realizado, consiguiendo  así que Afrodita la transformara una una mujer de verdad.

Bueno, juntemos los dos casos: el efecto Matilde y el síndrome de Pigmalión,. Y veamos si nos pueden ayudar a resolver un problema que aparece siempre en las discusiones a propósito de las mujeres y la ciencia. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si al comienzo de cada curso se reuniera a un grupo de niñas con sus profesores y se les dijera que se trata de niñas especialmente dotadas para la ciencia y las matemáticas? Según el efecto Pigmalión, al final de curso las calificaciones de estas niñas en matemáticas seguramente serían mejores que la media. Podría utilizarse esta estrategia para combatir la conocida discriminación de género que se produce en la enseñanza y el aprendizaje de las ciencias.

Para terminar, una nota de esperanza. En ocasiones el efecto Pigmalión puede funcionar al revés. Conozco al menos un caso: cierto profesor le dijo a una alumna que se olvidara de la matemáticas, que no eran para ella y que, en vez de presentarse a las pruebas de final de bachillerato con una asignatura de matemáticas, repitiera curso si era preciso para librarse de ella. La niña no le hizo caso. Se puso a estudiar matemáticas y sacó la mejor nota del instituto en las pruebas de selectividad.

Onda Cero Salamanca 6/06/2017

Mujeres y ciencia

Existen muchos prejuicios sexistas. Uno de ellos se refiere a la aptitud de las mujeres para las matemáticas y para la ciencia en general. Es conocido el escándalo de hace unos años, cuando nada menos que el rector de la Universidad de Harvard tuvo que dimitir después de haber dicho una estupidez supina a este respecto: que el cerebro de las mujeres era menos apropiado para las matemáticas que el de los hombres.

Las cosas en este campo están cambiando a toda velocidad.  En la Unión Europea, por ejemplo, hay todo un plan de actuaciones orientadas a promover políticas de igualdad en la ciencia y la tecnología y a difundir información sobre estos temas. En el informe sobre mujeres y ciencia que recientemente han publicado, aparecen algunos datos reveladores, que paso a resumir:

  • Todavía hay una brecha considerable entre hombres y mujeres en relación con la actividad científica: solo el 33% de investigadores son mujeres, a pesar de que el porcentaje de graduados superiores y doctorados es prácticamente del 50%.
  • Sigue presente un fuerte efecto conocido como “techo de cristal”: a medida que avanza la carrera profesional de una investigadora más difícil le resulta seguir progresando, en relación con sus colegas varones. El resultado es que el porcentaje de mujeres con un nivel elevado en la jerarquía científica es mucho menor que el que cabría esperar.
  • Hay diferencias significativas en la especialización por áreas científicas, la más llamativa es el déficit de mujeres en algunas áreas de la ingeniería.
  • También hay diferencias en relación con los sectores de actividad científica: la igualdad entre hombres y mujeres es mayor en las universidades y en los organismos públicos de investigación. En cambio hay menos mujeres investigadores de las que cabría esperar en el sector empresarial.
  • Las mujeres participan menos en el registro de invenciones patentables (de cada 10 patentes solo en 2 aparecen mujeres como autoras)
  • En cambio la cantidad, la calidad y el prestigio internacional de la producción científica no difieren entre varones y mujeres.
  • En cualquier caso los datos indican que en todos estos campos la situación relativa de las mujeres está mejorando.
  • Además más del 30% de las instituciones científicas consultadas están poniendo en marcha programas especiales para promover la igualdad de género en la gestión de la ciencia.

El panorama que se deriva de estos datos es inquietante pero alentador. Queda mucho por hacer, pero la igualdad de hombres y mujeres en la ciencia va a seguir mejorando. Si yo tuviera ocasión de influir en la imaginación de una niña pequeña, la iría preparando para que de mayor quisiera ser investigadora en física, química o ingeniería. Hay todo un campo abierto de posibilidades para el desarrollo profesional de las mujeres en la ciencia.