Plagios

Repasando la prensa y los programas de debate político de las televisiones de las últimas semanas, uno llega a la conclusión de que este país ha alcanzado un nivel de refinamiento intelectual digno de la Grecia Clásica. Cientos de páginas, miles de horas de discusión, para dilucidar si nuestros líderes políticos hacen plagios en sus trabajos académicos, si sus títulos son válidos y si sus universidades están corrompidas por el dinero y el tráfico de influencias. De todas estas novedades la que más me ha impactado es la relevancia que de repente ha adquirido el plagio, una práctica académica corrupta, bien conocida y hasta ahora bastante bien controlada.

Una parte importante de la actividad académica se basa en el reconocimiento de las aportaciones de tus colegas y de tus precedentes históricos.  El plagio aparece cuando alguien usa un texto escrito por otro, sin reconocer su autoría. En el mundo académico estamos todos familiarizados con situaciones próximas al plagio. Los estudiantes aprenden desde pequeños a copiar en los exámenes y los profesores a detectar y castigar el fraude. Luego, mas mayores, aprenden a utilizar materiales publicados por otros y no siempre se acuerdan de citar las fuentes originales. Lo que caracteriza a la situación actual no es la explosión de casos de plagio, sino el hecho de que esta práctica indeseable y corrupta afecte a líderes políticos de primera fila y de que estos tarden en reaccionar de la única forma compatible con la deontología profesional: pidiendo perdón y corrigiendo el plagio.

Mientras tanto, los medios harían bien en contribuir a clarificar la situación, en vez de hacer lo contrario, embadurnarlo todo para que nadie entienda nada. Una de las novedades más funestas en el tratamiento de actualidad de los plagios académicos es el uso de programas de detección automática de coincidencias de textos. Rápidamente se han publicado informes que demuestran que los trabajos de Fulanito tienen un 25% de textos plagiados, o que los de Menganito son casi todos auto plagios.

Personalmente tengo la convicción de que casi todo este ruido es más debido a la degradación de algunas prácticas académicas que a la corrupción política propiamente dicha.  Para comprobarlo he hecho algún experimento. Por ejemplo, he descubierto que un artículo mío publicado hace 9 años en el diario Público  (titulado “A hombros de gigantes“) aparece ahora con un índice de plagio del 95%. Picado por la curiosidad, indagué un poco en Google y rápidamente descubrí el pastel: alguien había plagiado mi artículo apropiándose de él sin citarlo, en su propio blog de internet.  Esto es nuevo: la relación de plagio resulta ser reflexiva: si a plagia a b, b plagia a a. Deberíamos evitar estas conclusiones atropelladas.

Pero ya que estamos, deberíamos aprovechar también la ocasión para regenerar un poco algunos de nuestros hábitos. Por ejemplo: los miembros de las comisiones de evaluación en el mundo deberían minimizar el uso de procedimientos supuestamente automáticos y objetivos en sustitución de las prácticas de debate ilustrado y racional que se supone caracterizan a la vida académica: mi experiencia personal me dice que no se necesita un programa especializado para detectar plagios en los trabajos de los estudiantes. Por lo general, basta con que el profesor se lea con detenimiento el trabajo y tenga la oportunidad de discutir con el alumno los méritos del mismo. Si es un trabajo plagiado, el autor no aguanta ni dos minutos de discusión.

Y por último, no seamos hipócritas. Las tesis doctorales son todas, por obligación legal, accesibles al público. Y los auto plagios solo existen en la medida en que se pretenda con ellos vender dos veces la misma mercancía y no solamente incorporar en los propios trabajos académicos resultados ya obtenidos en otros anteriores. Pero el escándalo de los plagios no tiene nada que ver ni con el expediente académico de la exministra de sanidad, ni con la tesis de Pedro Sánchez , ni siquiera con el expediente académico de Pablo Casado o Cristina Cifuentes. Todo esto empezó cuando se descubrió que el rector de la Universidad Rey Juan Carlos había hecho una gran parte de su carrera académica plagiando impunemente. Tuvo que dimitir, pero creo que todavía sigue siendo catedrático en activo. Y eso sí que es un escándalo.

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La robótica y la revolución

En el sifglo XIX proliferaron las teorías utópicas sobre la sociedad igualitaria, la liberación de la humanidad por las máquinas y la posibilidad de una revolución que trajera la felicidad a todos, de la mano de la nueva clase obrera que se había ido formando a medida que avanzaba la industrialización. Fue el siglo de las utopías revolucionarias que darían lugar, a lo largo del siglo XX, a las transformaciones políticas y económicas más formidables de la historia humana.

Toda la tradición social revolucionaria del siglo XIX se basa en dos premisas: por una parte la las nuevas máquinas generan aumentos extraordinarios de la productividad del trabajo, que es la única fuente verdadera de riqueza. No son las tierras, ni las rentas monetarias las que producen riqueza, sino los obreros transformando la realidad y produciendo bienes y servicios que satisfacen necesidades y deseos de toda la humanidad. La economía capitalista se basa en la expropiación de una parte de la  plusvalía que genera el trabajo, aquella que excede en su valor al valor de lo que se necesita para mantener e incrementar el capital.  Pero al mismo tiempo, esta presencia de la fuerza de trabajo como origen de todo el valor generado por la economía en el capitalismo del siglo XIX es también la que permite vislumbrar la solución: es la clase obrera la que produce la riqueza y es ella quien puede organizarse para controlar todo el proceso. El resultado es la fórmula de la revolución rusa y de todas las revoluciones sociales desde entonces: industrialización y lucha obrera, tecnología y revolución.

Las cosas no salieron tan bien como los teóricos decimonónicos de las revoluciones se habían prometido. Pero hasta casi ahora mismo, los intelectuales y pensadores sociales no han encontrado la explicación a esa deriva inesperada de la historia.

El maquinismo ha crecido hasta el punto de poner en el primer término de las preocupaciones sociales los límites medioambientales al crecimiento económico. Y las plusvalías generadas por el trabajo y expropiadas por el capital ahora son generadas por las máquinas casi directamente, porque las máquinas no cobran salarios y apenas consumen bienes y servicios. De forma que ya no hay explotación obrera que combatir ni agentes revolucionarios ni revoluciones que llevar a cabo en el horizonte. (Solo se puede especular con la rebelión de los robots, pero ¿por qué habrían de rebelarse los robots? Y sobre todo ¿por qué habríamos de diseñarlos de forma que pudieran rebelarse?)

¿Qué va a pasar? Por el momento lo que está pasando es que el capital no espera ya extraer su plusvalía explotando a los trabajadores, sino secuestrando a los consumidores. La tecnología sigue produciendo excedentes extraordinarios y el sistema económico y político conduce a la circulación de tales excedentes a través de nuevos circuitos de producción y distribución de mercancías, en los que prima el mecanismo de la concentración: nadie despoja a nadie de nada, simplemente todo el mundo compra lo mismo a los mismos. El resultado no es que unos tengan cada vez más y otros cada vez menos, sino algo más inesperado: aunque todos tengan  más (mientras aguanten las reservas del mundo natural), la brecha que separa a los pocos que lo tienen casi todo y los muchos que apenas tienen lo imprescindible para continuar en la rueda de la economía capitalista, es cada  vez mayor.

¿Cómo luchar contra la explotación y la desigualdad si los que trabajan son solamente robots? Algo me inclina a pensar que la próxima revolución social no se producirá en las fábricas, sino en los supermercados.

La teoría de todo

Ha muerto Stephen Hawking, uno de los físicos más importantes de nuestra época. Será ya para siempre uno de los miembros ilustres del panteón de la fama de la ciencia que se inauguró hace algunos siglos con la cosmología de Kepler, la mecánica de Galileo y la filosofía natural de Newton, herederos a su vez de la cosmología, la geometría y la filosofía de la antigua Grecia. Y compartirá honores con los físicos contemporáneos más importantes, como Einstein, Plank, Bohr, Feynman, Penrose...   El legado de Hawking pasará a formar parte del legado más importante de la ciencia básica cuyo objeto es muy sencillo: entender cómo es el universo en que nos encontramos y cómo es que nos encontramos en él.

Creo que lo más llamativo del legado de Hawking reside en que sus contribuciones a la física teórica se caracterizan porque son un producto puro de su pensamiento, y porque configuran la más ambiciosa teoría nunca formulada con la pretensión de conseguir una explicación definitiva de toda la realidad. Primero propuso la idea brillante de aplicar la teoría física de los agujeros negros, a la explicación del origen del universo. Y después demostró que, a diferencia de lo que se pensaba hasta entonces,  los agujeros negros sí emiten un tipo de radiación (la radiación de Hawking, se ha denominado), lo que permitiría explicar su comportamiento macroscópico y sus  propiedades cuánticas al mismo tiempo. Es difícil entender esto, pero lo que significa es que, si Hawking lleva razón, estaríamos más cerca de encontrar una explicación completa del universo.

Hay otras características de la personalidad y la obra de Stephen Hawking que han contribuido a hacerle famoso. Hace más de cuarenta años que los médicos le diagnosticaron una enfermedad neurodegenerativa y le pronosticaron dos años de vida como máximo. Ha aguantado bastantes más y ha muerto a los 76 años después de haber paseado por el mundo su imagen de genio desvalido, que no podía moverse sin su silla de ruedas y ni siquiera podía hablar más que a través de un sintetizador de voz que manejaba con movimientos de algunos músculos faciales.

Hay algo más en su personalidad y su obra que merece nuestro reconocimiento y admiración: no solo se ha ocupado de los grandes misterios de la física y ha aportado ideas originales, mientras luchaba con las más graves dificultades para desenvolverse en la vida cotidiana. Además se ha pasado la vida escribiendo  no solamente escritos especializados para sus colegas, sino también -y sobre todo-  libros para el gran público, que han intentado hacer llegar a todo el mundo el enorme potencial de sus teorías y aportaciones a la física.

Ojalá no olvidemos tampoco esta parte de su legado. Los buenos científicos deben ser a la vez buenos divulgadores y buenos maestros. Hawking lo fue por encima de sus circunstancias adversas.

Actuar contra los recortes del gobierno en ciencia y tecnología

Hace unos días se ha puesto en marcha en la plataforma change.org una nueva movilización en torno a la política de la ciencia y la tecnología. Se trata de exigir al gobierno que recupere la inversión en investigación, facilite la incorporación de jóvenes investigadores al sistema de ciencia y tecnología y ponga en marcha una estrategia nacional de desarrollo científico y tecnológico. No es la primera vez que se plantea una iniciativa como esta, impulsada por varias asociaciones de científicos y organizaciones sindicales, especialmente en este caso, por parte de Emilio Criado, un conocido dirigente sindical de Comisiones Obreras del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.  Pero esta es la primera vez, que yo sepa,  que en poco más de una semana, la iniciativa consigue más de doscientas mil firmas de apoyo.

La crisis económica de 2008 se ha llevado por delante en España todos los avances que se habían logrado en ciencia y tecnología en la primera década del siglo XXI, y si no se toman medidas drásticas, la recuperación en este sector va a llevar décadas. Lo peor es que se trata de un sector clave para el nuevo modelo de economía basada en el conocimiento, y que mientras España se ha estancado por la inacción del gobierno, en el resto del mundo y sobre todo de Europa, durante estos años no solo no ha disminuido el esfuerzo en ciencia y tecnología sino que ha crecido considerablemente. Mientras nosotros hemos retrocedido otros han avanzado mucho más.

Por suerte, hay muchos indicios de que la capacidad de reacción de la sociedad española no ha desaparecido. No solo se trata de la iniciativa de change.org. Hace unos días participé en la presentación del informe de la Fundación Alternativas en el que se urge al gobierno a iniciar una amplia política científica consensuada. La semana pasada participé en un encuentro de científicos y políticos en la sede del PSOE  en Madrid, en el que Pedro Sánchez presentó las líneas maestras de la política de ciencia y tecnología que los socialistas van a impulsar y difundir en estos días. Y el 21 de febrero presentamos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid un monográfico de la revista Sistema sobre “Ciencia en Sociedad” en cuya preparación hemos participado activamente varios miembros del Instituto de Estudios de la ciencia y la Tecnología de la Universidad de Salamanca.  Los mismos temas aparecen una y otra vez. En el último capítulo de este monográfico, Santiago López y yo planteamos una “Nueva agenda para la política científica” que se resume en diez propuestas, la primera de las cuales reza así:

“La investigación científica es una obra colectiva, basada en la cooperación, y  no solo en la competición. La sociedad debe apoyar la cooperación científica entre individuos, instituciones y países, sin más límites que la propia eficiencia, alcance y valor intrínseco de los proyectos científicos”.

En efecto, una nueva oportunidad para el impulso y la cooperación científica se abre ante nuestros ojos. Lo nuevo es que ahora todos podemos, todos debemos, participar.

Onda Cero Salamanca 21/02/2018

Un pacto por la ciencia

Ya habíamos anunciado que la semana pasada íbamos a presentar en Madrid el informe de la Fundación  Alternativas sobre el estado de la ciencia en España. Y así fue. El acto se celebró en el Congreso de los Diputados en una sala repleta de científicos, políticos y periodistas. Creo que merece la pena que volvamos hoy sobre el tema. Así que resumiré ahora el contenido esencial de lo que allí se dijo.

En primer lugar, se detecta un gran consenso en el diagnóstico de la situación de la ciencia en España. Dicho en pocas palaras: el desarrollo de la ciencia ha progresado mucho en nuestro país hasta alcanzar cotas máximas al inicio de la crisis económica. Pero desde entonces (2010) la situación se ha deteriorado, ha disminuido el esfuerzo de España en Investigación y Desarrollo, se han perdido miles de puestos de trabajo para jóvenes investigadores, y ha descendido el nivel de competitividad internacional de nuestras instituciones científicas. El resultado es que España ha empeorado significativamente su posición y cada vez parece más lejana la posibilidad de recuperar el paso. Puede haber diversos matices, pero en las grandes líneas de este diagnóstico de la situación  existe un amplio consenso entre los expertos.

¿Qué se puede hacer?

Hay dos líneas posibles de respuesta. Una consiste en echarle todas las culpas al gobierno y esperar a que este cambie para que cambie también la política de la ciencia y la tecnología en nuestro país. La otra es promover desde ahora mismo un gran pacto por la ciencia, abierto no solo a todos los partidos políticos, sino a la sociedad en general, a las empresas, a los trabajadores y sus organizaciones, a los movimientos sociales y las ONGs. Un gran pacto cívico por la ciencia. En el documento de la Fundación Alternativas quedan recogidos los puntos principales que debería abarcar ese pacto. En mi opinión (y así lo expuse en el acto del Congreso) son estos:

1) Un compromiso de esfuerzo en la financiación de la ciencia y la tecnología que nos permita alcanzar en el horizonte temporal de 2025, el nivel de gasto efectivo (no solo presupuestado) del 2% del PIB en investigación y desarrollo, equivalente al promedio actual en Europa.

2) Un cambio en los sistemas de gestión de la investigación, que confíe en la autonomía y la responsabilidad de los científicos, permitiendo una gestión más flexible y menos burocrática, abierta a la movilidad y competitividad internacional de la ciencia que se hace en España, y orientada a la rendición de cuentas ante la propia comunidad científica y el conjunto de la sociedad.

3) Creación de programas y estructuras institucionales que faciliten la implicación de los ciudadanos en la política científica, facilitando su participación en debates sociales sobre los objetivos de la investigación y las consecuencias del desarrollo tecnológico. Para ello, además de promover programas de divulgación y educación científica, se propone la creación en el Parlamento de una Oficina para la Evaluación de Opciones Científicas y Tecnológicas, que facilite el acceso de los parlamentarios a la información científica, y también el acceso de los ciudadanos a los debates sociales y políticos en torno a las cuestiones de ciencia y tecnología.

Amar a Cataluña

Ante la esperpéntica pregunta de Rajoy acerca de si realmente Puigdemon  había declarado la república independiente de Cataluña, éste ha contestado lo que cabía esperar. No podía ser de otra manera después de año y medio repitiendo el mantra. Porque lo que ocurre, Señor Rajoy, es que no nos enfrentamos a un simple problema formal, como si estuviéramos levantando actas en un registro de la propiedad, por ejemplo. En realidad estamos asistiendo a un proceso mucho más fácil de entender: una parte importante de los políticos independentistas catalanes están haciendo una representación de un golpe de Estado a la democracia en España. Pero lo hacen de tal manera que los efectos jurídicos formales que su asonada pueda llegar a tener se retrasen lo más posible y así puedan ganar tiempo y resonancia internacional. No se moleste, Señor Rajoy, en insistirles pidiéndoles una respuesta clara y contundente. No la obtendrá. No conseguirá que le digan nada que pueda poner en peligro su objetivo final. Mientras tanto, aprovecharán las nuevas ocasiones que usted les brinde para mirar al tendido y solicitar mediaciones internacionales y biempensantes de todo tipo.

¿Qué podemos hacer el resto de ciudadanos españoles? Poca cosa, pero algo se nos ocurrirá. Lo primero dejar de pensar en términos de españoles y catalanes y sustituir esta dicotomía malévola por un pensamiento integrador de españoles de muchos sitios diferentes. Ayudaría a ello si hiciéramos el esfuerzo de identificar aquellas cosas que nos gustan de Cataluña. Conviene que vayamos ejercitándonos en ello. De una forma u otra, el conflicto de Cataluña algún día tendrá que abordarse en serio y, en ese momento, a los que no queremos que Cataluña sea una república independiente del resto de España, nos vendrá bien disponer de argumentos (o relatos como ahora se dice) que nos permitan mantener una conversación entre todos.

Para ello deberíamos ir haciendo una lista de las cosas que nos gustan de Cataluña y por las cuales queremos que sigan siendo de España, en línea con la invitación que  hizo Borrel el otro día a celebrar el comienzo del diálogo con cava catalán. Una aportación personal a esa lista: me gustan las universidades públicas catalanas que son bastante buenas si se comparan con el resto de las universidades públicas españolas. Y estas lo reconocen, entre otras cosas, eligiendo como presidente de la Conferencia de Universidades al Rector de la de Lérida, como acaban de hacer hace unos días. También deberíamos reconocer la calidad del ambiente cultural y literario de Barcelona. O el dinamismo de su actividad económica empresarial. Por eso no deberíamos alegrarnos de que las empresas y los bancos huyan de Cataluña. Más bien al revés: queremos que se queden y que vuelvan a estar allí, porque queremos que prosperen y que sigan siendo nuestros sin necesidad de marchar de Cataluña. Y, por favor, nunca más una campaña de boicot a productos catalanes.

¿Lo entienden? Estoy abogando por que recuperemos la admiración y el amor por Cataluña y nuestro deseo de que Cataluña siga siendo España. No queremos que se vayan, porque nos gustan. Pero deberíamos decírselo de vez en cuando ¿no? Aunque solo sea para infundir ánimo a los catalanes que piensan como nosotros. A lo mejor todavía estamos a tiempo.

Barcelona

Es un texto precioso, como una oración laica, que nos ayuda a abrir un breve esoacio en neustras vidas para recuperar su sentido, roto por le fanatismo.

Condensed Matters

Desatan su ira como demonios furiosos y aún así, horas más tarde, el Sol sale una vez más; un niño llora; juegan los cachorros; un pollito lucha por salir del cascarón y sus padres no serán capaces durante meses de querer hacer nada más que cuidarlo; el cielo nos regala luz, nubes, viento, granizo, arcos iris, copos de nieve; y en algún lugar un anciano cuya vida se está extinguiendo cierras los ojos pensando no en lo que le espera a él sino en lo que les queda por delante a los que deja atrás.

Intentan destruirlo todo pero la vida sigue, florece, se desarrolla, y lo acapara todo, porque la vida, que es el amor, es la única fuerza verdaderamente avasalladora del universo.

No son nadie, ni un mal gesto ni una puta mierda junto a un camino que seguimos todos, embarcados en una aventura de la que esas…

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