Orgullo de Aquarius

Acuario es uno de los doce signos del zodiaco, es decir de las doce regiones del espacio en las que se puede dividir la trayectoria anual de la Tierra en torno al Sol. Aunque los expertos en astrología pueden hilar muy fino y precisar las innumerable propiedades características de cada signo, de cada constelación y de cada estrella del firmamento, muchos coinciden en que el signo zodiacal de Acuario se corresponde con personas solidarias, empáticas, altruistas y orgullosas de serlo.

No hace falta recordar que la astrología es un patraña, que los signos del zodiaco no significan nada y que para ser empático no hay que haber nacido con la constelación de Acuario (entre el 20 de enero y el 20 de febrero de cada año, más o menos). En cualquier caso, no hace falta creer en el zodiaco para bautizar a un barco solidario de la organización de Médicos sin Fronteras con el nombre de Acuario.

Pero lo curioso es que, a partir de ahora, gracias a ese barco, sí vamos a poder asociar, con algún fundamento, esta constelación de Acuario con el sentimiento de orgullo por la solidaridad y la compasión que hemos compartido estos días, ante una emergencia humanitaria.

Gracias a una decisión brillante del gobierno español, hemos descubierto de repente que España puede liderar una operación de solidaridad internacional. Una simple decisión política, ha servido para romper un montón de maleficios. Hemos aprendido, por ejemplo, que el drama de la emigración no solo se debe a los países de origen de los migrantes, sino también a la actitud egoísta e irresponsable de los países receptores. De repente, hemos podido ver, en los ateridos ocupantes de un barco a la deriva, un reflejo de la humanidad, esa a la que todos pertenecemos desde hace milenios. Hemos podido percibir que más allá de cifras y flujos migratorios, de leyes y reglamentos, y de intereses políticos y económicos, existe una realidad que tiene una dimensión humana y a la que se puede responder con celeridad, eficacia, solidaridad, generosidad y orgullo.

Los agoreros andan diciendo que son decisiones solo para la galería, que tendrán un efecto llamada que empeorará la situación en el futuro, que habrá cada vez más emigrantes irregulares y que lo que ha hecho el gobierno español es irresponsable.

No estoy de acuerdo. Lo irresponsable hubiera sido mirar para otro lado e ignorar que los demandantes de asilo en un barco a la deriva son parte de nosotros mismos, y no hacen sino repetir ante nuestros ojos la odisea de la historia entera de la humanidad. Todas las sociedades humanas se han formado a partir de las migraciones. Podríamos definir al homo sapiens como el hombre que busca refugio. La odisea del Aquarius ha servido para recordárnoslo: somos humanos porque damos refugio a los humanos. Debemos sentirnos orgullosos, ahora sí, de este signo del zodiaco, Acuario.

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Morir de frío

Hay miles de refugiados esperando a entrar en Europa, instalados en miserables tiendas de campaña o en viejos almacenes en ruinas, soportando temperaturas de varios grados bajo cero, y muriendo sencillamente por falta del mínimo calor que el organismo humano necesita para mantenerse con vida.

¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI alguien pueda morir de frío a las puertas  de tu casa mientras las aporrea insistentemente para que le dejes entrar? Es lo que está pasando a las puertas de la Unión Europea.

Mientras tanto, los europeos nos enzarzamos en un interminable rosario de amenazas, acusaciones y disquisiciones bizantinas acera de la naturaleza del fenómeno de la migración, los movimientos de refugiados y el tráfico de personas en nuestras fronteras.  El brexit triunfa en Reino Unido impulsado por el fantasma de la inmigración. En Estados Unidos votan a Trump porque amenaza, desprecia y humilla a los migrantes mexicanos. Y por toda Europa se levantan vientos de populismo reaccionario alentados por las mismas motivaciones. Mientras tanto siguen llegando a nuestras fronteras decenas de miles de refugiados, que mueren de frío.

¿No se puede hacer nada más? ¿Habrá que esperar otra fotografía en el telediario con un niño congelado en los brazos de su madre moribunda para que el tema adquiera un peso mediático suficiente y  las instituciones tomen nuevas iniciativas?

En realidad ya se han tomado. Hay un plan para la recepción y el reparto de refugiados entre los diferentes países de  Europa; se han arbitrado fondos para financiar las operaciones de acogida y traslado; y hay informes como el de la Comisión Española de Ayuda a los refugiados, (CEAR) que alertan del problema y aportan soluciones. El problema es que nadie está cumpliendo lo prometido y mientras tanto el invierno sigue castigado a los refugiados desprotegidos.

¿Dónde está, por ejemplo en España, la oficina del gobierno para coordinar la recepción y distribución de refugiados? ¿Existe algo así? Y si existe ¿cuantas decenas de miles de refugiados ha logrado acomodar hasta ahora?

Para terminar ¿quién tiene la culpa de todo esto? ¿Quién va a tener que pedir perdón, dentro de un tiempo, a los familiares de las victimas que han perdido la vida mientras esperaban, muertos de frío,  para entrar en Europa?

Hoy se reúne en el Senado la flamante Comisión de Presidentes de Comunidades Autónomas. Quizás todavía haya tiempo de incluir en el orden del día alguna iniciativa en este campo. La oposición ya presentó en el Parlamento una proposición no de ley la semana pasada, pero el gobierno aún tiene la oportunidad de decir y hacer algo.