La sabiduría de las multitudes

James Surowiecki es un afamado periodista y ensayista norteamericano, conocido sobre todo como autor de un libro sobre “La sabiduría de las multitudes” (The wisdom of Crowds). En él aporta numerosos testimonios que avalan la idea de que, en muchas ocasiones, el conocimiento colectivo es mejor que el individual: una multitud prediciendo los resultados de las elecciones consigue acercarse a los resultados reales, aunque estos no coincidan con las preferencias que cada uno expresa con su propio voto. (Por eso, dicho sea de paso, en las encuestas electorales se suele preguntar no solamente qué vas a votar sino quién crees que va a ganar). Naturalmente, la sabiduría de las multitudes puede ser mayor que la de cada uno de sus miembros, pero también las multitudes se pueden equivocar.

Sucede lo mismo en el pensamiento científico, que por cierto, también podría considerarse un caso de superioridad del conocimiento del grupo frente al de los individuos. La ciencia, aunque solemos considerarla conocimiento infalible conseguido por genios individuales, en realidad es una típica empresa cooperativa, en la que cada uno de los científicos depende de los demás y el resultado final, un nuevo descubrimiento, sería inalcanzable sin la colaboración de una multitud (solo como ejemplo: el artículo en el que se informaba sobre el descubrimiento reciente de las ondas gravitacionales, iba firmado por más de mil autores).

Otro caso típico de sabiduría colectiva es la regla de la mayoría en la política democrática. Aquí no se trata tanto de acertar con un conocimiento fiable, sino de definir entre todos un modo de actuar que beneficie a todos. Pero aquí también tenemos casos de rotundos fracasos de las multitudes. Sin ir más lejos: los electores españoles en las últimas elecciones generales hemos sido incapaces de diseñar una mayoría suficiente para configurar el gobierno de la nación.

¿Por qué ha sucedido? Es muy sencillo: la regla de las mayorías garantiza que sus resultados son mejores que los que cada individuo puede conseguir. Pero eso no garantiza que tales resultados se consigan siempre. Las multitudes puede ser más inteligentes que los individuos, pero al final es preciso que éstos se comporten adecuadamente. Por eso vamos a a ir a unas nuevas elecciones, a ver si esta vez hemos aprendido la lección y logramos convertirnos en una multitud sabia o por lo menos juiciosa.

Onda Cero  03/05/2016