El principio de precaución y otros dilemas morales

Mar Cabezas, una joven especialista en filosofía moral, doctora en filosofía por la Universidad de Salamanca y actualmente investigadora en el Centro para la Ética y la Investigación de la Pobreza, de la Universidad de Salzburgo, en Austria, acaba de publicar un libro titulado Dilemas morales: entre la espada y la pared (Editorial Tecnos, Madrid 2016) que fue presentado la semana pasada en la Librería Hidrya por dos de sus profesores, Carmen Velayos y Enrique Bonete, autor del prólogo. Se trata de un libro de ensayo muy bien escrito y lleno de ideas inteligentes y útiles para introducirse en el complejo mundo de la ética actual.

A diferencia de lo que ocurría hace unas décadas, en nuestras sociedades laicas y cambiantes no contamos ya con un conjunto fijo de normas inamovibles que puedan servir para decirnos en cada momento, de forma clara y definitiva, qué riesgos debemos asumir, qué es lo bueno y qué lo malo, la acción justa y la injusta, cuándo tenemos la obligación moral de hacer el bien y la prohibición absoluta de hacer el mal. Los moralistas vivían en una especie de paraíso: aquellos que tenían la misión de indicar el camino recto tenían también los medios para descubrir ese camino y el poder para guiar por él a los pobres caminantes .

Ahora todo eso ha cambiado. No tenemos moralistas sino expertos en ética aplicada, una especie de exploradores que señalan al caminante los cruces por los que va pasando  (los dilemas morales a los que nos enfrentamos cada día), y aportan argumentos para clarificar las opciones, buscar, en ocasiones, nuevas salidas e invitarnos a asumir nuestra propia responsabilidad moral. Esto es lo que hace Mar Cabezas en su libro: aclarar dilemas morales de plena actualidad.

Citaré como ejemplo uno de los últimos, referido a la aplicación de innovaciones biotecnológicas (elementos transgénicos, por ejemplo, para la producción de alimentos o fármacos) sobre cuyos efectos secundarios no tenemos certeza científica. ¿Qué debemos hacer en esos casos? El principio de precaución dice que debemos abstenernos de producirlos mientras no tengamos certeza de que no generarán efectos perversos. Y lo  que podría ser equivalente al principio de presunción de inocencia (la autora lo llama principio de precaución débil) afirma, por el contrario, que mientras no haya pruebas científicamente contrastadas de los eventuales efectos nocivos, debemos asumir el riesgo de producirlos. ¿Qué hacer? La autora no nos da soluciones, no es una moralista. Pero en cada capítulo abre nuevas posibilidades para el análisis de los dilemas que presenta. En este caso hace un llamamiento a un principio de proporcionalidad o de prudencia que nos permitiría asumir riesgos razonables y nos obligaría a examinar cada caso con cuidado, utilizando la mejor información posible y evitando quedarnos encerrados en los cuernos de un dilema planteado en términos absolutos y con información no siempre suficiente.

La ética aplicada no nos da recetas para resolver nuestros problemas morales, pero nos ayuda, como hace la autora de este bello libro,   a buscar nuestras propias respuestas creativas y racionales.

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