La inteligencia de las máquinas

Estos días estamos celebrando en el Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología el seminario anual de doctorandos, en el que los estudiantes exponen y discuten los avances que han conseguido en sus investigaciones durante el último año. Allí se tratan multitud de asuntos relativos a nuestra cultura científica y tecnológica y se crea un ambiente propicio para la reflexión y el debate académico. Una de las ponencias que se presentaron ayer invitaba a reconstruir la visión histórica y filosófica del desarrollo de la técnica de los últimos siglos. ¿Qué es lo que mejor caracteriza a la técnica de nuestros días frente a la de los siglos anteriores?

El famoso filósofo español, José Ortega y Gasset, decía que el hombre se ve abocado a crear la técnica porque es la forma que tiene de afrontar su radical indigencia biológica. Nacemos desprovistos de un programa que nos permita sobrevivir y tenemos que apañarnos para inventarnos nuestra propia vida a base de cambiar el entorno en el que nos desenvolvemos. Y esos cambios son los cambios que producimos a través de la técnica.

Esto lo escribió Ortega hace más noventa años y desde entonces las cosas han cambiado mucho. Pero su diagnóstico sigue siendo válido, aunque hay algo que caracteriza a nuestras técnicas y que, en tiempos de Ortega y Gasset, era difícil de apreciar. En los siglos XIX y XX se completó la revolución industrial que nos dejó en herencia una enorme capacidad de transformación de la realidad gracias a las máquinas mecánicas, al uso masivo de las fuentes de energía fósiles como el carbón y el petróleo, a las grandes infraestructuras viarias y urbanas, etc. Ahora podemos decir que estamos en una nueva era de desarrollo tecnológico, que se caracteriza no ya por la potencia y magnitud de las técnicas o los artefactos que manejamos sino por lo que podríamos llamar su inteligencia. Lo nuevo no es que ahora podamos diseñar y producir artefactos con potencia suficiente para proporcionar energía útil a miles de millones de personas en el planeta Tierra. Lo nuevo es que diseñamos y producimos miles de millones de artefactos a los que dotamos de inteligencia. Es decir de capacidad para procesar información y  adaptar su comportamiento a los cambios que se producen en el medio en el que operan. En eso consiste la inteligencia de las máquinas.

En realidad se trata de nuestra propia inteligencia incorporada en el diseño de nuestros artefactos.  Las máquinas solo son inteligentes si las diseñamos, las producimos y las usamos de forma inteligente. La inteligencia de las máquinas somos nosotros mismos.

Onda Cero Salamanca 26/04/2016

 

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