El derecho a la tolerancia

Leyendo el Tratado sobre la Tolerancia de Voltaire he encontrado una frase que, si no fuera por el evidente anacronismo que supone, podríamos leer como si se refiriera a los acontecimientos de estos días. Voltaire, el filósofo ilustrado del siglo XVIII, racionalista y laico,  empezaba su tratado  contando el episodio de una familia calvinista cuyos miembros habían sido perseguidos por las autoridades y el populacho católico de Toulouse, con el resultado de que el padre de la familia había sido condenado y torturado hasta morir. Dos años más tarde, la madre logra reponerse y acude a la justicia del rey en París. Y  allí obtiene reparación y justicia efectiva. Y es entonces cuando Voltaire escribe esta frase gloriosa: “En París la razón puede más que el fanatismo, por grande que éste pueda ser“.

No podemos hablar de París, la razón y la tolerancia y no pensar en lo que ha pasado estos días. Una cuadrilla de fanáticos, blandiendo consignas político religiosas  y utilizando armas del diablo han irrumpido en la ciudad de la luz y de la razón y han perpetrado una serie absurda de atentados en nombre de no sé qué religión.

Los europeos deberíamos estar ya vacunados de guerras de religión. Al fin y al cabo, han sido muchos siglos de persecuciones y delirios, muchos miles de herejes inmolados, muchas palabras usadas como incentivo para destruirnos entre nosotros en nombre de supuestas creencias religiosas. Los atentados islamistas de estos días en París son el último episodio de una triste historia de guerras de religión. La única diferencia es que ahora los fanáticos, que son conciudadanos nuestros, no se alimentan de doctrinas y sectarismos de origen cristiano, sino que enlazan con otra de nuestras tradiciones religiosas, la del Islam. Pero, no nos engañemos, los asesinos islamistas de París, son también de los nuestros, nacidos en Europa, criados aquí, educados en nuestros colegios y desquiciados en nuestros templos por ideologías absurdas y dañinas.

La tolerancia religiosa  es una virtud inseparable de la racionalidad y de la civilización laica que finalmente reina entre nosotros, después de siglos de locura. Y es un valor que debemos reivindicar como un derecho natural de los hombres, basado en el principio universal de que no debes a hacer a nadie lo que no quieres que te hagan a ti.

Pero como ya advertía Voltaire en su alegato en favor de la tolerancia: Para que un gobierno no tenga derecho a castigar los errores de los hombres, es necesario que tales errores no sean crímenes: sólo son crímenes cuando perturban la sociedad: perturban la sociedad si inspiran fanatismo; es preciso, por lo tanto, que los hombres empiecen por no ser fanáticos para merecer la tolerancia.  Digámoslo claramente y de una vez: debemos ser tolerantes con el islam como lo somos con el cristianismo o con el laicismo. Pero no debemos ser tolerantes con los fanáticos asesinos que siembran el terror a las órdenes del llamado Estado Islámico. Con el fanatismo, tolerancia cero.

Onda Cero Salamanca 17/11/2015