Refugiados

La historia de la civilización está marcada por los grandes movimientos de población . ¿Cómo concebir Europa sin las migraciones milenarias de pueblos que invadían territorios, provocaban guerras o huían de ellas para proteger a sus familias del hambre y de la muerte?

Así que lo que ahora está sucediendo en el mar Egeo, en las islas griegas, en Turquía y en los países del sur de Europa no es nada nuevo:  cada día desaparecen decenas de familias enteras en las aguas del Mediterráneo, que intentan cruzar buscando protegerse de la guerra y el hambre. La diferencia es que ahora la tragedia milenaria se produce ante nuestros ojos, retransmitida en directo todos los días a la hora del telediario. Y Europa parece que no sabe qué hacer. no sabemos cómo procesar emocionalmente tantas imágines de refugiados hacinados en barrizales, aplastados contra alambradas crueles o flotando en el agua, desamparados, desesperados….

¿Realmente no se puede hacer nada más: solo mirar y esperar con los brazos cruzados?

Por alguna razón los estados y las instituciones europeas han resultado hasta ahora  incapaces de afrontar el problema de forma eficiente. Así que habrá que ensayar otras estrategias.

Ayer, hablando con otros colegas del Consejo de Universidades y con el consejero de Educación de Castilla y León, se me ocurrió especular con una posible iniciativa ¿Qué tal si, por ejemplo, por cada mil estudiantes universitarios españoles, nos propusiéramos recibir a un refugiado en nuestros campus? La operación se podría financiar, al menos parcialmente, con donaciones de la propia comunidad universitaria. Pongamos que cada estudiante español dedica cinco euros, el importe de una copa, a este propósito: en un fin de semana se recaudarían más de cinco millones de euros, lo suficiente para acoger a más de mil refugiados durante un año.

El problema, al parecer, no sería tanto de recursos, de financiación ni de voluntad política, sino de capacidad organizativa. No tenemos cauces institucionales adecuadas para montar toda la logística necesaria en una operación de tal alcance. Bueno, también en eso las Universidades son instituciones  que pueden resultar muy apropiadas: disponen de recursos humanos muy cualificados, acostumbrados a cooperar, con gran capacidad de iniciativa y de entusiasmo. Si los mil refugiados se repartieran por las ochenta universidades que hay en España, tocarían a poco más de 12 refugiados por cada universidad. Su coste económico apenas se haría notar y su impacto social a medio plazo sería enriquecedor y muy positivo para la ciencia, la cultura y la educación en nuestro país.

¿Por qué no lo hacemos?

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