Juan Antonio Pérez Millán

Ha fallecido Juan Antonio Pérez Millán. Era mi amigo, uno de los más entrañables y permanentes que he tenido. Su familia, Lola y Ernesto, han preferido pasar el duelo en la intimidad, rodeados tan solo de los familiares más próximos y de los amigos más íntimos. Han hecho bien porque, si hubieran dado entrada a todos los que habrían querido despedirse de Juan Antonio, todavía estaríamos celebrando el primer funeral.

No recuerdo muy bien cuándo me encontré con Juan Antonio por primera vez. Creo que fue en alguna de aquellas reuniones clandestinas que hacíamos los jóvenes de los años 70, mientras esperábamos que se acabara la dictadura y disfrutábamos descubriéndonos a nosotros mismos  en animadas sesiones de cineclub, inventando la revolución. Luego fue la democracia y el compromiso político. Juan Antonio no rehuyó ninguno de los retos que se le fueron planteando, aportando siempre su talento, su buen hacer y su encanto personal para llevar a cabo las empresas más ambiciosas. Colaboró con Pilar Miró al frente de la Filmoteca Nacional, en una época gloriosa para la recuperación del cine español. Fue Director General de Cultura en la Junta de Andalucía, Consejero en la de Castilla y León y finalmente fundador de la Filmoteca Regional de esta Comunidad, cuya sede disfrutamos en Salamanca gracias a él. Al cabo del tiempo, su currículum vitae ha quedado indisolublemente unido a su carrera profesional como experto en cinematografía y en políticas culturales. La Universidad de Salamanca ha tenido la suerte de poder contar con él como profesor asociado y toda la ciudad ha podido beneficiarse de su creatividad, su lealtad y su talento, a pesar de su renuncia a dirigir los eventos de la capitalidad cultural en 2002.

Juan Antonio nos ha dejado un extraordinario legado. En la parte profesional los amigos esperamos seguir disfrutando de él, de sus libros, de sus ideas, incluso de sus proyectos inacabados. En la parte más personal y más íntima, no podremos olvidar el placer de su conversación, la agudeza de sus comentarios, la permanente disposición a escuchar y a iniciar nuevas aventuras intelectuales, como si la vida y el mundo mismo en el que nos movemos estuviera siempre a punto de empezar de nuevo.

Nunca le olvidaremos. No le podemos olvidar. No será posible remplazarlo y compensar su perdida, pero tampoco será necesario: Juan Antonio vivirá para siempre en el recuerdo de quienes hemos tenido la suerte de convivir con él. ¡Larga  vida, amigo!

 

Onda Cero Salamanca, 09/05/2017

Merci!

Condensed Matters

To the French people: thank you on behalf of the many millions of tolerant Europeans for not giving in to the easy answers peddled by populist xenophobes. Once more, the French you have demonstrated your democratic maturity. Special thanks to those who have had the courage to choose what they judged the lesser of two evils.

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Para qué sirven las primarias

Los partidos políticos son instituciones imprescindibles para el funcionamiento de las democracias actuales. Sirven para canalizar la participación de los ciudadanos en las decisiones políticas a través de representantes elegidos periódicamente (por eso decimos que los partidos son maquinarias electorales), y sirven también para garantizar la existencia de una cantera de ideas y propuestas políticas, así como de candidatos solventes y bien entrenados para llevarlas a cabo ejerciendo el poder político delegado de los ciudadanos (son escuelas de acción política). Como ocurre en cualquier otra institución social, la dinámica interna de los partidos no siempre responde a su función de forma directa y transparente. El riesgo fundamental que corren los partidos políticos es el de transformarse en estructuras (los llamados aparatos de partido) dedicadas prioritariamente a mantener e incrementar el poder, pero actuando en su propio beneficio y fuera de todo control democrático, sin atender a las razones y fines que lo justifican.

Las elecciones primarias constituyen una buena respuesta a este riesgo siempre presente. Son un mecanismo que devuelve al ciudadano individual (afiliado o simpatizante de un partido) la capacidad de influir directamente con su voto en la selección de los candidatos que el partido va a presentar a unas elecciones, o en un proceso de selección de liderazgo interno (como está sucediendo ahora en el seno del PSOE). Pero también tienen sus inconvenientes: el más importante es que pueden generar divisiones internas en los partidos que luego son difíciles de superar.

A pesar de los inconvenientes, yo creo que las elecciones primarias son un buen mecanismo de participación política, especialmente cuando se usan para la selección previa de candidatos electorales y se abren a un censo de simpatizantes. De hecho, mis colegas Manuel Escudero,  Ramón Vargas Machuca y yo fuimos los autores de la primera propuesta para introducir las elecciones primarias en la estrategia del PSOE en un artículo publicado por el diario El País hace casi en cuarto de siglo.

Por eso creo que ahora debo ser consecuente y participar activamente en las primarias del PSOE. De hecho, asistí hace unos días a la presentación de Pedro Sánchez en Salamanca y, junto con otros compañeros “de mi época” -digámoslo así-, hice ostentación pública de mi apoyo a su candidatura. Creo que, para los tiempos que corren, es un buen candidato, aunque solo sea por una razón: con sus aciertos y errores, es el único que ha actuado con plena coherencia, renunciando incluso a su acta de diputado por mantenerse fiel a su compromiso con los militantes del partido. No abundan ejemplos así y no nos podemos permitir el lujo de perderlos.

Onda Cero Salamanca 25/04/2017

Reivindicación del ateísmo

 

El ateísmo es una doctrina filosófica que afirma que no dios no existe. Es decir que no existe una entidad sobrenatural, todopoderosa, infinita, responsable del universo y creador de todas las cosas. Para el ateísmo, una entidad así es una quimera y la doctrina que afirma que tal entidad es real es simplemente una doctrina errónea e irracional. Según la teoría ateísta, no hay ni evidencia empírica ni argumentos racionales que se puedan esgrimir en favor de la afirmación de que dios es una entidad real.

A pesar de que el ateísmo es la postura racional más evidente y fácil de admitir, existen muchos prejuicios en la cultura popular en contra del ateísmo como doctrina filosófica. El más extendido es el que afirma que, si bien puede admitirse que no hay argumentos convincentes en favor de la existencia de dios, es igualmente difícil de admitir que haya argumentos convincentes en contra de su existencia. A lo más que podemos aspirar racionalmente no es a demostrar la existencia o inexistencia de dios, sino a suspender el juicio sobre este tema (esta es la esencia del agnosticismo) y dejar que la decisión sobre creer o no creer en una entidad trascendente sea algo que no depende del juicio racional,  sino de otras instancias afectivas que mueven nuestro pensamiento y nuestros sentimientos.

Los ateos racionalistas no estamos de acuerdo con este diagnóstico y reivindicamos la aplicación, en este caso, de las mismas pautas de pensamiento racional que aplicamos en la vida cotidiana. Si no tenemos razones para creer que algo existe, no nos abstenemos de creer, sino que asumimos la creencia de que no existe. Si no hay razones para creer que el monstruo del lago Ness es real, decía Hanson, un famoso filósofo de mediados del siglo XX, lo lógico no es suspender nuestra creencia acerca de su existencia, sino asumir simplemente que no existe tal monstruo. Para el ateo la existencia de dios no es una opción posible, sino una falsedad empírica y racional: no hay razones para pensar que dios exista y por lo tanto lo lógico es creer que no existe, es decir lo lógico es ser ateo.

Vista así la situación, es fácil imaginar la desazón que estos días pasados tienen que haber experimentado en general los ateos españoles. Llevamos una semana de fiestas populares de carácter religioso en las que ni siquiera se da la oportunidad de la duda: hay entusiasmo total en torno a unas creencias y sentimientos que para un ateo son simplemente irracionales.

Personalmente yo soy partidario de respetar a todas las personas independientemente de sus creencias y sentimientos. Así que me parece bien que la gente tenga creencias que yo considero absurdas. Pero me gustaría un poco de reciprocidad: la religión y las creencias que conlleva deberían mantenerse en ámbitos un poco más restringidos de la vida privada de las personas y no dar por supuesto que quienes consideran que las creencias religiosas son absurdas no puedan apenas manifestarlo públicamente sin exponerse al escarnio y a la crítica feroz. Sinceramente tener a media asta las banderas de todos los cuarteles del ejército español porque se celebra el aniversario de la muerte de Jesús de Nazaret me parece un despropósito y una ofensa a los sentimientos privados de quienes no creen en dios. Deberíamos evitar espectáculos así. Los ateos patriotas lo agradecerían y seguro que muchos devotos creyentes también.

Onda Cero Salamanca 18/04/2017

La ciencia, frontera sin fin

Mañana, 12 de abril, hace 72 años que murió Frankling Delano Roosvelt, el presidente que introdujo a Estados Unidos en la segunda guerra mundial y que murió unos meses antes de que ésta terminara, sin tiempo para celebrar la victoria. Hoy lo traemos a colación por su contribución a la política científica moderna. Un año antes de que finalizara la guerra el presidente Roosvelt había encargado a Vannevar Bush, su asesor para temas científicos, que prepara un informe sobre la política científica del gobierno. La idea de Rossvelt era que la experiencia acumulada durante la guerra, en el uso y aplicación del conocimiento científico, podría aplicarse en tiempos de paz literalmente para “mejorar la salud de la nación, crear nuevas empresas que  traigan nuevos puestos de trabajo y mejorar el nivel de vida nacional”. Meses más tarde el asesor científico presentaba su informe a Harry Truman, el nuevo presidente de Estados Unidos, con un título inspirado: La ciencia, frontera sin fin. La idea subyacente a ese título tan llamativo es que, de la misma forma que el gobierno de Estados Unidos ha ayudado tradicionalmente a los ciudadanos americanos a ampliar sus fronteras, colonizando nuevos territorios, ahora podría impulsar la ampliación de una nueva frontera que, a diferencia de las territoriales, no tiene límite definido: la frontera de la ciencia, la frontera del cocimiento y de su aplicación.

Este es el origen de la moderna política científica. En el encargo que Roosvelt hace a Bush  el presidente fija cuatro puntos sobre los que quiere que se centre el informe:

  • Cómo difundir los conocimientos obtenidos en tiempos de guerra para que todo el mundo pueda extraer los beneficios de su aplicación en tiempos de paz.
  • Cómo se puede seguir progresando en la lucha contra las enfermedades y la promoción científica de la salud.
  • Qué puede hacer el gobierno para impulsar la colaboración de las instituciones públicas y privadas en la investigación científica.
  • Como poner en marcha un programa efectivo para descubrir y apoyar el desarrollo del talento científico entre los jóvenes y garantizar así el futuro de la investigación científica a un nivel comparable al conseguido durante la guerra.

El espíritu de la propuesta se resume en este párrafo de la carta del presidente: “Nuevas fronteras para la mente se abren ante nosotros y si las exploramos con la misma visión, audacia y determinación con la que hemos librado esta guerra, podemos crear un empleo más pleno y fructífero y una vida más plena y fructífera”.

A pesar del tiempo transcurrido, la iniciativa del presidente Roosvelt sigue siendo de plena actualidad, aunque la crisis económica, en algunos países de Europa, España entre ellos, parece que nos ha hecho olvidar la importancia del reto que se planteaba el presidente Roossvelt y que ha condicionado toda la política del siglo XX: la ciencia como frontera sin fin.

Onda Cero Salamanca, 11/04/2017

Pan y circo

Fue Juvenal, un poeta satírico romano, quien utilizó por primera  vez la expresión “panem et circenses” (pan y circo) para referirse a los instrumentos políticos más eficaces para mantener a la gente tranquila y sumisa ante el poder. A la luz de algunas experiencias que estamos viviendo en la actualidad, parece que hemos avanzado bastante en este campo: ya no hace falta ni siquiera el pan para mantener a la gente tranquila y sumisa. Basta con el circo. La diferencia es que ahora el circo no es un sitio donde luchan animales salvajes y esclavos aterrorizados, o donde se descuartizan gladiadores muertos de hambre que matan para sobrevivir. En realidad lo que ocurre ahora es que estamos dispuestos a admitir que casi toda nuestra vida se vaya transformando en un espectáculo de circo.

No tengo nada en contra de los aficionados a los deportes de masas y me parece que los deportistas profesionales pueden proporcionar a nuestros jóvenes modelos de comportamiento con elevado valor educativo.  Valores como la competencia profesional, el espíritu de equipo, la emulación y la competición leal, así como el reconocimiento del mérito de tu adversario, son moneda corriente en muchas competiciones deportivas y son valores que debemos cultivar.

Pero hay algunas cosas en este mundo del deporte de masas que no funcionan bien. La línea de demarcación se sitúa entre la exaltación de los propios y la agresión a los adversarios, y entre la afición voluntaria y la condena obligatoria a participar del espectáculo.  Celebrar con entusiasmo un gol de tu equipo es algo natural, acompañar de insultos y descalificaciones el gol del adversario debería estar al margen de cualquier competición. Seguir como aficionado las gestas de tu equipo favorito puede ser un buen entretenimiento de fin de semana. Pero estar condenado a hacerlo porque no hay otra alternativa no es de recibo.  Hagan la prueba: recorran todo el dial de la radio un domingo por la tarde y no podrán localizar más que transmisiones de partidos de futbol. No hay escapatoria: solo deporte espectáculo, sólo circo.

El colmo de la degradación del deporte lo hemos vívido estos días, cuando ha saltado a las portadas de los periódicos, no el resultado de una competición, sino la pelea de los padres de unos niños que competían en un campeonato infantil de futbol. Como lo oyen: la noticia no es que el equipo A ganó al equipo B, ni siquiera que el jugador Pepito tuvo un percance con su amigo Juanito. No. Es mucho más sangrante: los papás de Pepito se liaron a mamporros con los papas de Juanito mientras los niños, que miraban estupefactos, trataban de separarlos.

Todos los excesos tienen un límite. La transformación del deporte de masas en un mero espectáculo que mueve millones de euros a través de nuestra sociedad mediática, creo que ha llegado ya a su límite de toxicidad social. A partir de ahora, las autoridades, y los propios aficionados más conscientes y responsables, deberían prestar más atención a estas cosas y acabar de una vez por todas con el circo de la  violencia en el deporte.

Onda Cero Salamanca 04/04/2017

Mujeres y tecnología

La Organización de Estados Iberoamericanos mantiene un sitio web, IBERDIVULGA, dedicado a promover la cultura científica. El pasado 8 de marzo, con motivo del día de la mujer trabajadora, proponían una reflexión sobre la participación de las mujeres en el diseño de robots y en el desarrollo de la tecnología basada en la inteligencia artificial (con un bonito titular: Las niñas ya no quieren ser princesas). Llevan razón al señalar que la imagen pública que asociamos a esta rama de la tecnología tiene un sesgo machista: los robots humanoides son casi siempre masculinos (aunque hay excepciones notables, como el impresionante robot de Metrópolis o la bella androide de Blade Runner), y los proyectos de desarrollo de la inteligencia artificial generalmente asumen como referencia operaciones y principios de diseño masculinos. En la OEI piensan que sería bueno que las mujeres entraran de lleno en este campo de la ingeniería robótica de nuestros días, porque eso haría que pasaran al primer plano de la investigación y desarrollo objetivos de lucha contra la pobreza, de superación de brechas tecnológicas y de avance de una sociedad igualitaria. ¿Es esto verdad?

Estoy de acuerdo, en buena parte. La robotización de los procesos productivos y el desarrollo de tecnologías llamadas a sustituir  cada vez más procesos rutinarios en las cadenas de producción y en los servicios, va a afectar de forma importante a todo el sistema económico y social, pero sobre todo va a afectar a las mujeres, en la medida en que éstas, en general, desempeñan trabajos de más baja cualificación y en condiciones de precariedad. En compensación, el propio desarrollo de estas tecnologías ofrecerá oportunidades nuevas de cualificación profesional.  Pero, para acceder a ellas, las mujeres tendrán que seguir escalando puestos de responsabilidad en el sistema productivo, económico, político y cultural y adaptando su desarrollo profesional a las nuevas oportunidades. Esto ya está empezando a suceder en el sistema educativo, pero todavía, por ejemplo, es significativamente menor el porcentaje de mujeres ingenieras y tecnólogas, aunque en otras profesiones (medicina, educación) hace tiempo que han roto la barrera de la discriminación de género.

La cuestión importante es ¿tiene sentido esperar que la incorporación de las mujeres a la revolución tecnológica va a contribuir a que ésta adquiera un perfil más humanitario, más centrado en objetivos de igualdad y solidaridad?  ¿O estamos también aquí introduciendo subrepticiamente prejuicios de género? Aunque las mujeres tienen por delante el gran reto de aumentar su liderazgo en el desarrollo tecnológico de la robótica, no deberíamos olvidar que la responsabilidad moral por el desarrollo de tecnologías que favorezcan la igualdad, la solidaridad y la lucha contra la pobreza, no es un asunto de mujeres. O al menos  no debe serlo. Sino de todos.

Onda Cero Salamanca 28/03/2017