Etiquetas

Los humanos somos una especie de simios especializados en poner etiquetas a las cosas. O en nombrarlas, como se suele decir. La diferencia con otras especies animales, que tienen habilidades parecidas, es que nosotros usamos etiquetas para nombrar a otras etiquetas. Es decir, no solo nombramos las cosas, sino que las agrupamos en clases de cosas a las que también damos nombres, y luego clases de clases de cosas, y así sucesivamente hasta que llegamos a utilizar etiquetas para nombrar entidades completamente abstractas, como las ideas filosóficas, las entidades matemáticas, las especies biológicas o las leyes físicas.

Esta manía nuestra de poner etiquetas por doquier es muy útil: nos permite resumir nuestros conocimientos, manipularlos y utilizarlos para entender el mundo en el que se desenvuelve nuestra vida. Imagínense lo tedioso que sería si cada vez que alguien llama a la puerta de casa tuviéramos que comprobar toda la información relevante, en vez de usar simplemente la etiqueta “es el vecino del piso de abajo”.  O lo difícil que sería utilizar conjuntos de cosas si no pudiéramos contarlas, es decir ponerles etiquetas indicando el número de elementos que forman ese conjunto. Por eso, lo que solemos conocer como el sentido común, es decir, el conjunto de representaciones, ideas, reglas de conducta que consideramos aceptables sin más y que no estamos continuamente sometiendo a discusión, está prácticamente configurado por nuestras etiquetas más frecuentes y sólidas. Y si queremos saber rápidamente cómo es una sociedad, lo mejor y más rápido que podemos hacer es comprobar cuáles son las etiquetas más frecuentes y significativas que forman parte de lo que en esa sociedad se entiende por sentido común.

Por ejemplo, si analizamos los discursos de muchos gurús de la economía o la politología actuales, fácilmente detectaremos un listado de etiquetas que caracteriza el sentido común de lo que podríamos llamar la ideología de la competencia. He aquí una muestra: competitividad, esfuerzo, excelencia, mercado, libertad, interés, privacidad, avance, progreso, innovación, creatividad, rendimiento, merito, talento, capacidad, etc., etc.

Comparemos con este otro paquete, que podríamos considerar representativo del sentido común  de la ideología de la cooperación. Se trata de las etiquetas: trabajo bien hecho, cooperación, igualdad, apoyo, ayuda, responsabilidad, honradez, bien común, participación, empatía, solidaridad, calidad, ciencia, investigación, tecnología. Suenan casi lo mismo que el paquete anterior;  pero no son lo mismo. El primer paquete es el de las etiquetas con las que adornamos los discursos en boga desde la implantación de las políticas neoliberales en los años 90 del siglo pasado, pero transformadas en nociones del sentido común de nuestra época. El segundo paquete es  fruto del esfuerzo que tenemos que hacer  en la actualidad para  introducir en nuestro sentido común algunos de los rasgos de la mentalidad progresista que caracterizó  a una buena parte de la intelectualidad occidental desde los años sesenta del siglo pasado.

En la actualidad, las técnicas de inteligencia artificial permiten detectar conjuntos de etiquetas que caracterizan el contenido de un texto. Sería interesante aplicar esas técnicas a etiquetar los contenidos informativos de los medios de comunicación o los discursos de los políticos para detectar de forma rápida cuál es el contenido básico del sentido común de nuestra época. Seguro que nos llevaríamos alguna sorpresa.

[Onda Cero, Salamanca 3/07/2018]

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