No pienses en un elefante

Este es el título de un conocido libro de George Lakoff (2004), quien a su vez es un conocido experto en análisis de la comunicación, asesor de Obama. Normalmente no nos pasamos la vida pensando en elefantes. Pero si estamos tranquilamente en casa y de repente leemos en la pasta de un libro un título como este “No pienses en un elefante”, el primer efecto producido es obvio: de repente empezamos a pensar en un elefante y luego nos preguntamos por qué pensamos en un elefante, y después por qué ese libro se titula así y finalmente por qué el autor del libro ha escogido un título como ese.

La respuesta a todas estas cuestiones es muy sencilla: en la comunicación pública usamos técnicas de encuadre o de enmarcado de nuestras informaciones que nos permiten modular su significado, su alcance, su contenido emocional e incluso su valor de verdad o falsedad sin tener que decir explícitamente nada a propósito de todo esto. Es lo que se llama la técnica del encuadre o enmarcado, framing en inglés. Supongamos una notica en la que pueden aparecer palabras como manifestación, personas, reclamación, fuerza, policía, derecho a decidir, independencia, y que es formulada así: “La policía disuelve por la fuerza una manifestación de miles de personas que reclamaban el derecho a decidir”. Ahora veamos la misma noticia pero con otro encuadre: “Un grupo de personas se enfrenta a la policía gritando consignas independentistas”. En el primer caso el encuadre está indicando que la policía interviene en contra de los manifestantes; en el segundo caso el encuadre indica que los manifestantes se enfrentan a la policía. Es la misma noticia, pero con dos significados diferentes. Y el encuadre de la noticia es lo que determina su significación política.

En política en muy  corriente que un mismo hecho se presente mediante encuadres diferentes. Cuando los partidos elaboran sus argumentarios prácticamente todo se reduce a seleccionar y repetir palabras y frases contundentes, invariables y homogéneas que contribuirán a fijar el encuadre de cualquier declaración de los dirigentes del partido. De esta forma, se evita que en  el proceso de comunicación puedan introducirse variantes que alteren el significado del mensaje.

Un error típico de la comunicación política consiste en replicar al adversario intentado atacar el marco de ideas que él utiliza. Es como si, ante el provocador título del libro de Lakoff, pretendiéramos contestarle reclamando nuestro derecho a hablar de los elefantes, o nuestra negativa a hablar de ellos. Da igual. Ya hemos caído en la trampa y estamos jugando en el terreno que nuestro adversario ha seleccionado: recordemos que el elefante es el tótem del partido republicano.

Con las discusiones de estos días en torno al referéndum catalán, no cabe duda de que, por el momento, son los independentistas los que llevan a la voz cantante: han impuesto el marco del derecho a  decidir, obligándonos a todos los que no queremos la independencia de Cataluña a aceptar que, en realidad, lo que no queremos es que los catalanes voten en un referéndum. Y al paso que vamos, terminaremos dándoles la razón, al menos porque el resto de los ciudadanos parecemos incapaces de hablar de otra cosa que no sea el elefante de Puigdemon.

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