Justicia y pedagogía

Una madre de dos niños pequeños, maltratada por su marido de nacionalidad extranjera y perseguida por la justicia española ha estados las últimas semanas apareciendo en todos los telediarios. La causa: se negaba a entregar sus hijos a la justicia porque no quería que se los llevara su padre a Italia y se exponía así a ser encarcelada y privada de su derecho de patria potestad por desobedecer al juez.

Ayer finalmente se produjo la noticia: la madre se entregó a la justicia y entrego a sus hijos que fueron entregados al padree que los reclamaba a pesar de estar denunciado por malos tratos .

Algunos juristas y jueces se han apresurado a alertar a la opinión pública de la gravedad de la situación y de la necesidad de mantener el principio de que las leyes y los autos judiciales deben cumplirse.  Por otra parte, a muchos ciudadanos nos parece  peligroso y delicado que este tipo de asuntos se ventilen de forma preferente en los medios de comunicación, y no solo en los juzgados. Aunque también reconocemos que en ocasiones, el único recurso que le puede quedar al más débil para lograr que se respeten sus derechos sea el apoyo de la opinión pública. Así que la decisión de Juana a muchos nos ha quitado un peso de encima. El sistema se mantiene, el derecho de cumple y ahora solo nos queda esperar que ademas la justicia se ejerza con sensibilidad y prudencia, no con rigidez y puro formalismo jurídico. ¿Por qué? Porque más allá de la razón jurídica que le asista a no no a esta madre, lo que no se puede impedir es que su caso suscite una profunda compasión en los ciudadanos.

Es postile que esta madre se haya equivocado en el planteamiento de su querella. Es posible que la exposición pública de su conflicto familiar no haya sido una estrategia prudente y adecuada. Es posible que detrás de todo esto haya también algún aspecto de morbosidad mediática que lo complica todo. Pero hay algo que ya nadie pude negar: todo el mundo entiende lo que Juana quiere conseguir  (que la dejen vivir con sus hijos) y nadie entiende que el sentimiento de compasión que Juana Rivas suscita a su alrededor no encuentre ni un resquicio en el sistema jurídico español para hacerse presente en los autos judiciales. Ella dice que teme por sus hijos porque su marido es un mal tratador, pero en los juzgados solo se  habla de plazos para presentar querellas, de trámites para traducir requerimientos judiciales a un idioma extranjero, o de competencias judiciales de carácter territorial o procesal.  ¿Cómo es posible?

Estoy de acuerdo en que la justicia debe ser respetada y las resoluciones de los jueces deben ser justas. Pero estos harían un gran servicio a la comunidad si ademas intentaran ser comprensibles. Los jueces no debería solo preocuparse por hacer justicia; también deberían intentar que se entendiese lo  que hacen. Deberían hacer algo de pedagogía.

Onda cero Salamanca 29/08/2017

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