Filosofía y política

Recientemente  he participado en el programa Milenium que emite la 2 de TVE a altas horas de la madrugada. El programa estaba dedicado a filosofía y política, un tema tan intemporal que no se pierde nada si se visiona a deshoras, a través de internet (http://www.rtve.es/television/millennium/#), o si aprovechamos este contacto de los martes con los oyentes de Onda Cero Salamanca, para retomar la discusión.

Antes de nada, un aviso para animar al espectador. El programa, conducido por Ramón Colom, no se parece en nada a los debates político-mediáticos a los que últimamente parece que tenemos que ir acostumbrándonos: ningún contertulio interrumpe a otro, nadie da voces, no se evitan temas espinosos, pero se hace siempre con delicadeza. En fin, el formato se parece más al clásico de La Clave, que la gente de mi generación añora, que a los que proliferan hoy día en esos  “tablados” de la noche televisiva.

De todos los matices que se pueden señalar al hablar de filosofía y política, a mi me ha interesado especialmente uno que yo resumiría así: la política necesita ideas y un espíritu crítico que puede encontrar en los estudios y tradiciones filosóficas, pero al mismo tiempo los filósofos (los intelectuales del siglo XIX y quienes quiera que sean los que ahora continúan ejerciendo su papel), necesitan aterrizar en la arena de la política real, en la que se escenifica la lucha por el poder, sin más protección que su capacidad crítica y su sentido de la responsabilidad. El filósofo no debería sustituir al rey (es decir, a los ciudadanos) en el ejercicio del poder, como pretendió Platón.  Pero habría que revisar también el papel de los intelectuales que se reclaman independientes, y se sitúan au dessus de la melée, como si comprometerse con la política (afiliándose a un partido político, por ejemplo) fuera inseparable de la condición de apestado. No me gustan los filósofos reyes de Platón, pero tampoco los “idiotas” de la antigua Grecia (“idiota” se usaba en la Grecia clásica para calificar al que se dedicaba a sus asuntos propios y se desentendía de los de interés público).

Resumiendo, lo que la filosofía puede aportar a la política es inspiración para concebir nuevos proyectos, apoyo para resistir al  inmovilismo y a la inercia del sistema, y perspectiva para mirar más lejos. Y lo que la experiencia política puede proporcionar a la filosofía son referencias para conectar con la vida real y materiales para ayudar a entender el papel de la lucha por el poder en el desarrollo de la naturaleza humana. En todo caso, nada de proporcionar coartadas para la inacción, subterfugios para legitimar la realidad impuesta, ni excusas para tirar la toalla. La filosofía es mirada crítica, reflexiva y trascendente, un arma de resistencia, esencial para la tarea política más importante, que es la gestión del poder en la esfera pública.

Por desgracia, si nadie lo remedia es posible que las humanidades y la filosofía vayan desapareciendo del curriculum  escolar de la mayoría de nuestros ciudadanos que, a cambio, aprenderán a comportarse como verdaderos “emprendedores”, nuevos idiotas, aptos para venderse a sí mismos en el mercado. Creo que van a salir perdiendo.

Onda Cero Salamanca 13/07/2017

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