Marcha por la ciencia

El pasado 22 de abril tuvo lugar un acontecimiento histórico: miles de científicos en más de 500 ciudades repartidas por todo el mundo celebraron una “marcha por la ciencia”. La convocatoria provenía de colectivos de Estados Unidos que querían llamar la atención sobre las políticas anticientíficas de Donald Trump. Pero la convocatoria ha trascendido los límites y el movimiento de la marcha por la ciencia se ha extendido rápidamente por todo el mundo.

¿Cuál es el mensaje principal que nos deja esta insólita iniciativa?

En primer lugar se trata de reivindicar la ciencia, no solamente como factor decisivo para mejorar la productividad y la capacidad innovadora de nuestra sociedad, sino por su propio valor intrínseco: la ciencia persigue la verdad y permite diseñar políticas basadas en el conocimiento, que son la base de la prosperidad alcanzada por la humanidad. Esta “autoridad  de la ciencia”, como referencia del conocimiento más útil y fiable, está hoy en peligro, porque en la esfera política se está imponiendo, a partir de la elección de Donal Trump, la idea de que la verdad objetiva no importa y que lo único decisivo no es lo que sabemos acerca de la realidad sino lo que decidimos que hay que creer.

En segundo lugar, se trata de llamar la atención sobre la importancia de que los gobiernos y la sociedad en su conjunto apoyen el desarrollo científico, la formación de nuevos científicos y la ampliación de la ciencia a todos los campos de la experiencia humana y de la decisión política. Antes de la crisis económica de 2008 no hacía falta argumentar en favor del gasto público en ciencia y tecnología. Hasta los think tank más recalcitrantes del liberalismo conservador aceptaban que, para el bien de la humanidad, era necesario mantener encendida la llama de la curiosidad científica y de la investigación fundamental. De hecho, a pesar de la crisis, la mayoría de los países más prósperos han mantenido elevados niveles de esfuerzo en la financiación pública de I+D. La mayoría… porque… ¡hay excepciones!, desde luego.  Por ejemplo, en España el gasto público ha disminuido en más de un 30 % en estos años y decenas de miles de potenciales investigadores, que deberían haberse incorporado a las universidades y los centros de investigación, o bien han tenido que emigrar a países con políticas más inteligentes o bien se encuentran infrautilizados y precarizados en nuestras instituciones científicas y académicas.

Es pronto para saber qué consecuencias tendrá a medio plazo el potente movimiento de los científicos de todo el mundo inaugurado con esta marcha. Por el momento es una llamada de atención que ha despertado el interés por la ciencia y ha alertado del peligro que supone aceptar planteamientos  irracionales y anticientíficos como los que abundan en la política de Donald Trump.

Onda Cero Salamanca  25/04/2017

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