Reivindicación del ateísmo

 

El ateísmo es una doctrina filosófica que afirma que no dios no existe. Es decir que no existe una entidad sobrenatural, todopoderosa, infinita, responsable del universo y creador de todas las cosas. Para el ateísmo, una entidad así es una quimera y la doctrina que afirma que tal entidad es real es simplemente una doctrina errónea e irracional. Según la teoría ateísta, no hay ni evidencia empírica ni argumentos racionales que se puedan esgrimir en favor de la afirmación de que dios es una entidad real.

A pesar de que el ateísmo es la postura racional más evidente y fácil de admitir, existen muchos prejuicios en la cultura popular en contra del ateísmo como doctrina filosófica. El más extendido es el que afirma que, si bien puede admitirse que no hay argumentos convincentes en favor de la existencia de dios, es igualmente difícil de admitir que haya argumentos convincentes en contra de su existencia. A lo más que podemos aspirar racionalmente no es a demostrar la existencia o inexistencia de dios, sino a suspender el juicio sobre este tema (esta es la esencia del agnosticismo) y dejar que la decisión sobre creer o no creer en una entidad trascendente sea algo que no depende del juicio racional,  sino de otras instancias afectivas que mueven nuestro pensamiento y nuestros sentimientos.

Los ateos racionalistas no estamos de acuerdo con este diagnóstico y reivindicamos la aplicación, en este caso, de las mismas pautas de pensamiento racional que aplicamos en la vida cotidiana. Si no tenemos razones para creer que algo existe, no nos abstenemos de creer, sino que asumimos la creencia de que no existe. Si no hay razones para creer que el monstruo del lago Ness es real, decía Hanson, un famoso filósofo de mediados del siglo XX, lo lógico no es suspender nuestra creencia acerca de su existencia, sino asumir simplemente que no existe tal monstruo. Para el ateo la existencia de dios no es una opción posible, sino una falsedad empírica y racional: no hay razones para pensar que dios exista y por lo tanto lo lógico es creer que no existe, es decir lo lógico es ser ateo.

Vista así la situación, es fácil imaginar la desazón que estos días pasados tienen que haber experimentado en general los ateos españoles. Llevamos una semana de fiestas populares de carácter religioso en las que ni siquiera se da la oportunidad de la duda: hay entusiasmo total en torno a unas creencias y sentimientos que para un ateo son simplemente irracionales.

Personalmente yo soy partidario de respetar a todas las personas independientemente de sus creencias y sentimientos. Así que me parece bien que la gente tenga creencias que yo considero absurdas. Pero me gustaría un poco de reciprocidad: la religión y las creencias que conlleva deberían mantenerse en ámbitos un poco más restringidos de la vida privada de las personas y no dar por supuesto que quienes consideran que las creencias religiosas son absurdas no puedan apenas manifestarlo públicamente sin exponerse al escarnio y a la crítica feroz. Sinceramente tener a media asta las banderas de todos los cuarteles del ejército español porque se celebra el aniversario de la muerte de Jesús de Nazaret me parece un despropósito y una ofensa a los sentimientos privados de quienes no creen en dios. Deberíamos evitar espectáculos así. Los ateos patriotas lo agradecerían y seguro que muchos devotos creyentes también.

Onda Cero Salamanca 18/04/2017

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