La ciencia, frontera sin fin

Mañana, 12 de abril, hace 72 años que murió Frankling Delano Roosvelt, el presidente que introdujo a Estados Unidos en la segunda guerra mundial y que murió unos meses antes de que ésta terminara, sin tiempo para celebrar la victoria. Hoy lo traemos a colación por su contribución a la política científica moderna. Un año antes de que finalizara la guerra el presidente Roosvelt había encargado a Vannevar Bush, su asesor para temas científicos, que prepara un informe sobre la política científica del gobierno. La idea de Rossvelt era que la experiencia acumulada durante la guerra, en el uso y aplicación del conocimiento científico, podría aplicarse en tiempos de paz literalmente para “mejorar la salud de la nación, crear nuevas empresas que  traigan nuevos puestos de trabajo y mejorar el nivel de vida nacional”. Meses más tarde el asesor científico presentaba su informe a Harry Truman, el nuevo presidente de Estados Unidos, con un título inspirado: La ciencia, frontera sin fin. La idea subyacente a ese título tan llamativo es que, de la misma forma que el gobierno de Estados Unidos ha ayudado tradicionalmente a los ciudadanos americanos a ampliar sus fronteras, colonizando nuevos territorios, ahora podría impulsar la ampliación de una nueva frontera que, a diferencia de las territoriales, no tiene límite definido: la frontera de la ciencia, la frontera del cocimiento y de su aplicación.

Este es el origen de la moderna política científica. En el encargo que Roosvelt hace a Bush  el presidente fija cuatro puntos sobre los que quiere que se centre el informe:

  • Cómo difundir los conocimientos obtenidos en tiempos de guerra para que todo el mundo pueda extraer los beneficios de su aplicación en tiempos de paz.
  • Cómo se puede seguir progresando en la lucha contra las enfermedades y la promoción científica de la salud.
  • Qué puede hacer el gobierno para impulsar la colaboración de las instituciones públicas y privadas en la investigación científica.
  • Como poner en marcha un programa efectivo para descubrir y apoyar el desarrollo del talento científico entre los jóvenes y garantizar así el futuro de la investigación científica a un nivel comparable al conseguido durante la guerra.

El espíritu de la propuesta se resume en este párrafo de la carta del presidente: “Nuevas fronteras para la mente se abren ante nosotros y si las exploramos con la misma visión, audacia y determinación con la que hemos librado esta guerra, podemos crear un empleo más pleno y fructífero y una vida más plena y fructífera”.

A pesar del tiempo transcurrido, la iniciativa del presidente Roosvelt sigue siendo de plena actualidad, aunque la crisis económica, en algunos países de Europa, España entre ellos, parece que nos ha hecho olvidar la importancia del reto que se planteaba el presidente Roossvelt y que ha condicionado toda la política del siglo XX: la ciencia como frontera sin fin.

Onda Cero Salamanca, 11/04/2017

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s