Mujeres y tecnología

La Organización de Estados Iberoamericanos mantiene un sitio web, IBERDIVULGA, dedicado a promover la cultura científica. El pasado 8 de marzo, con motivo del día de la mujer trabajadora, proponían una reflexión sobre la participación de las mujeres en el diseño de robots y en el desarrollo de la tecnología basada en la inteligencia artificial (con un bonito titular: Las niñas ya no quieren ser princesas). Llevan razón al señalar que la imagen pública que asociamos a esta rama de la tecnología tiene un sesgo machista: los robots humanoides son casi siempre masculinos (aunque hay excepciones notables, como el impresionante robot de Metrópolis o la bella androide de Blade Runner), y los proyectos de desarrollo de la inteligencia artificial generalmente asumen como referencia operaciones y principios de diseño masculinos. En la OEI piensan que sería bueno que las mujeres entraran de lleno en este campo de la ingeniería robótica de nuestros días, porque eso haría que pasaran al primer plano de la investigación y desarrollo objetivos de lucha contra la pobreza, de superación de brechas tecnológicas y de avance de una sociedad igualitaria. ¿Es esto verdad?

Estoy de acuerdo, en buena parte. La robotización de los procesos productivos y el desarrollo de tecnologías llamadas a sustituir  cada vez más procesos rutinarios en las cadenas de producción y en los servicios, va a afectar de forma importante a todo el sistema económico y social, pero sobre todo va a afectar a las mujeres, en la medida en que éstas, en general, desempeñan trabajos de más baja cualificación y en condiciones de precariedad. En compensación, el propio desarrollo de estas tecnologías ofrecerá oportunidades nuevas de cualificación profesional.  Pero, para acceder a ellas, las mujeres tendrán que seguir escalando puestos de responsabilidad en el sistema productivo, económico, político y cultural y adaptando su desarrollo profesional a las nuevas oportunidades. Esto ya está empezando a suceder en el sistema educativo, pero todavía, por ejemplo, es significativamente menor el porcentaje de mujeres ingenieras y tecnólogas, aunque en otras profesiones (medicina, educación) hace tiempo que han roto la barrera de la discriminación de género.

La cuestión importante es ¿tiene sentido esperar que la incorporación de las mujeres a la revolución tecnológica va a contribuir a que ésta adquiera un perfil más humanitario, más centrado en objetivos de igualdad y solidaridad?  ¿O estamos también aquí introduciendo subrepticiamente prejuicios de género? Aunque las mujeres tienen por delante el gran reto de aumentar su liderazgo en el desarrollo tecnológico de la robótica, no deberíamos olvidar que la responsabilidad moral por el desarrollo de tecnologías que favorezcan la igualdad, la solidaridad y la lucha contra la pobreza, no es un asunto de mujeres. O al menos  no debe serlo. Sino de todos.

Onda Cero Salamanca 28/03/2017

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