Placebos

El efecto placebo es bien conocido por médicos y farmacéuticos. Consiste en el alivio o curación de una enfermedad mediante la aplicación de sustancias o procedimientos terapéuticos que no tienen ningún efecto directo sobre la enfermedad en si misma, pero cuya administración induce en el paciente la creencia de que sí lo tienen. El efecto placebo se produce en muchas situaciones terapéuticas, aunque no en todas. Y no siempre es fácil encontrar una explicación específica para él (por qué hay casos en los que la confianza en la curación aumenta la probabilidad de curarse). Por eso hay muchos charlatanes que pueden entrar en la polémica y proponer teorías arbitrarias y absurdas para explicar la existencia de placebos. Los más peligrosos son aquellos que, a partir de la existencia de placebos, ponen en duda la validez del enfoque científico en el estudio de las enfermedades y de los tratamientos médicos. De hecho, los profesionales responsables, a diferencia de lo que hacen curanderos, chamanes y predicadores de medicinas alternativas,  nunca sustituyen una terapia de base científica por otra basada en el efecto placebo, ya que esto supone de hecho sustituir una terapia más o menos eficaz por una práctica basada tan solo en la sugestión o el engaño.

En realidad los mecanismos del placebo siempre responden a la misma pauta: la creencia o las expectativas de curación generan una actividad cerebral que contribuye a desencadenar procesos (generación de endorfinas o dopamina, por ejemplo) que aumentan la capacidad del organismo para reaccionar ante la enfermedad. No hay ningún misterio detrás del placebo. Es un proceso de la misma naturaleza que la confianza en el médico o que la amabilidad del tratamiento del médico al paciente, que genera esa confianza. El placebo no destruye un tumor pero ayuda al organismo a procesar reacciones químicas que influyen sobre el desarrollo de un tumor.

La lección más importante que debemos extraer de la existencia de placebos es que en los procesos terapéuticos no solo son importantes la química y la biología, sino a veces también la psicología y la sociología. Un ambiente amable y confortable en un hospital es más beneficioso para la salud que un ambiente agresivo y desconsiderado con los pacientes. A veces el mecanismo es extremadamente simple: un paciente con actitud positiva ante el tratamiento que recibe suele ser más riguroso y mostrarse más colaborador en el seguimiento del mismo, lo que hace que aumente su eficacia terapéutica. Eso también es efecto placebo y estaría bien que lo supieran los administradores de hospitales y del sistema de salud: el estrés del personal sanitario perjudica seriamente la salud de sus pacientes.

Para quien esté interesado en estos temas, existe abundante literatura sobre ellos. Pero yo recomendaría vivamente un libro de Mario Bunge, Filosofía para médicos (Editorial Gedisa, Barcelona 2012), una obra genial por su orientación estrictamente científica, su gran erudición y su estilo ameno, que aumenta el placer de su lectura.

Onda Cero Salamanca 07/02/2017

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Un comentario en “Placebos

  1. Gamela

    Mario Bunge, fantástico, aún recuerdo un congreso en el que él era la figura central y nunca olvidaré cómo “machacó” a Mosterín recordándole que el inductivismo no era un método fiable… corría el año 2003 y daba gusto verlo ACTUAR lleno de lucidez y sabiduría.

    Tendremos que leer el libro… pero mientras, sobre el placebo, tendríamos que analizar cuánto nos gastamos en los protocolos médicos en la actualidad… y quizás descubrieramos que si al paciente le extendemos un CHEQUE y de damos vacaciones por un año, es posible que tuviésemos CURACIONES MILAGROSAS!

    Además de psicólogo y terapeuta y Hospitales sin estrés (oximoron) quizás deberíamos comenzar a echar cuentas en serio… Si tengo un 50% de probabilidades de curarme de un cáncer y me prescriben dos metodologías de curación: una radio y quimioterapia agresivas, pruebas y visitas programadas en salas atestadas de gente con cáncer, enfermeras y médicos cabreados porque no cobran o los contratan por días sueltos… y otra terapia consistente en el CHEQUE y un viaje a las Seychelles o a las Islas Marquesas… ¿tú que elegiríras?

    Nos vemos en las Islas Afortunadas… aquellas que Platón tenía reservadas a quiénes habían cumplido su tarea en la República y podían dedicarse, al fin, a la Filosofía…!!! Si nos damos prisa quizás podríamos llevarnos a Bunge… (aunque no creo que le gusten las islas del Pacífico)

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