Juguetes tecnológicos

Una de las novedades más llamativas de la oferta juguetera de estos días es la proliferación de juguetes y cachivaches tecnológicos. No se trata ya solo de videojuegos y consolas para consumir horas en el mundo virtual. Lo nuevo es que, gracias a la incorporación de inteligencia artificial y al abaratamiento de los  componentes electrónicos, hay en el mercado orientado al consumo masivo juguetes que se comportan como robots y que permiten realizar actividades increíbles.

En general, podemos clasificar todos estos juguetes tecnológicos, que se ofrecen en el mercado navideño, en dos categorías, según se trate de juguetes para usar o de juguetes para hacer cosas.

Juguetes para usar son aquellos que proporcionan experiencias nuevas. que hasta hace muy poco tiempo solo eran accesibles a los ingenieros de laboratorios de la industria aeroespacial o similares. Un dron de juguete, por ejemplo, es fácil de controlar y puedes volarlo, grabar videos, ejecutar acrobacias. Solo tiene el problema de que, para usarlo sin riesgo, debes evitar espacios en los que haya mucha gente.  ¿Y qué decir de los patinetes y skate boards que incorporan un pequeño motor eléctrico y te permiten navegar por aceras y calzadas como si volaras en un alfombra mágica? También tienen sus peligros, pero proporcionan experiencias increíbles.

Juguetes para hacer cosas son los que están orientados, no a tener nuevas experiencias a través de la tecnología, sino sobre todo a crear tu mismo nuevas posibilidades tecnológicas. En este apartado hay ofertas muy variadas: desde pequeños robots que se pueden programar para interactuar con ellos, hasta juegos completos de construcción que incorporan dispositivos electrónicos programables mediante aplicaciones instaladas en tu teléfono móvil. Uno de los ejemplos emblemáticos en esta categoría es el pequeño KANO (escrito con K, si se quiere buscar más información en internet) , un kit que permite que un niño de 10 años pueda construir su propio ordenador, ensamblando diferentes componentes, tanto de hardware como de software. No es una exageración: el resultado es un ordenador de verdad, ya está en las tiendas y cuesta menos de 150 euros.

La tecnología y el mercado hacen que nuestros niños puedan acceder hoy a experiencias y posibilidades que cuando nosotros teníamos su edad eran asunto de ciencia ficción. Ojala sepamos aprovechar estas posibilidades para avanzar en un proyecto de educación cívica  socialmente responsable .

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