Usar y arreglar

En la cultura del capitalismo salvaje en la que se desenvuelve la mayor parte de nuestra vida se ha impuesto la máxima de usar y tirar, como práctica generalizada de consumo. Hay quien defiende que se trata de un principio vital para el mantenimiento de la economía. Si no fuera por él, la circulación de mercancías sería más lenta, las tiendas venderían menos, las fábricas saturarían antes los mercados con sus productos y habría que clausurar millones de puestos de trabajo que hoy se mantienen activos. Usar y tirar. Incluso el exceso de residuos inútiles y contaminantes que produce esta economía del despilfarro se ve con buenos ojos: la gestión de residuos también genera una lucrativa actividad económica. Así que, si se estropea el lavavajillas, nos dicen algunos gurús de la economía del despilfarro, no pretendas arreglarlo. Por un poco mas de dinero tienes uno nuevo, con mejores prestaciones y una garantía de otros cuantos años.

Hace poco me presenté en el servicio técnico de una afamada marca de batidoras para uso doméstico. No funcionaba bien la resistencia que calienta los alimentos mientras estos son triturados por las cuchillas de la batidora. Casi no había entrado en la tienda y ya desde el mostrador un amable empleado me hizo señas:

– No se moleste, ese modelo ha sido retirado de la oferta de la compañía y ya no se venden piezas de repuesto ni se realizan operaciones de mantenimiento.

-¿Qué hago entonces con el?

-Olvídese y cómprese otro más moderno

Por suerte había otras opciones. En internet descubrí miles de usuarios en una situación parecida a la mía y entre todos se había creado un mercando alternativo de repuestos de segunda mano y una red de mantenimiento para versiones obsoletas de la misma máquina.

Gracias a la información proporcionada por una lectora de mi blog, en el que suelo colgar el texto de estos comentarios, acabo de ver que en Suecia esto de los mercados de mantenimiento y de segunda mano ha pasado a ser un objetivo de la política industrial del gobierno. Se trata de incentivar, mediante desgravaciones fiscales, que la gente intente reparar y mantener activos sus artilugios de consumo antes de deshacerse de ellos.

Los detractores de estas medias dicen que con ellas se paralizará el círculo virtuoso de la producción y destrucción capitalista de mercancías. Pero por el momento lo que se está viendo es que aumenta la oferta de un tipo de trabajo y de consumo que está al alcance de mucha más gente, genera alto valor añadido y ahorra enormes cantidades de residuos.

Usar y arreglar, antes que usar y tirar. Esa es la solución.

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