Olímpicos

Dos grandes acontecimientos se han producido durante la última semana: el primero es que han terminado las olimpiadas de Rio. El segundo, no menos importante, es que ya sabemos que, si nadie lo remedia, las próximas navidades las celebraremos votando de nuevo a nuestros representantes en el parlamento.

El lema que el varón de Coubertin eligió para las olimpiadas de la era moderna (Atenas, 1896) era “citius, altius, fortius”, que significa “más rápido, más alto, más fuerte”. Se trataba de resumir en tres palabras lo esencial de los juegos olímpicos: el espíritu de superación humano. Pero las olimpiadas son mucho más que una competición para saber quién es capaz de correr más rápido, saltar más alto o lanzar más peso. Para empezar las olimpiadas son el acontecimiento internacional más importante en la era de la globalización: en las olimpiadas participan todos y, al menos por unos días, la competencia entre países, las diferencias políticas entre la mayoría de las naciones, se olvidan y se trasladan al escenario de la noble competición deportiva. Lo que nos recuerda que somos humanos, capaces de cooperar y competir noblemente, sin necesidad de hacernos daño. Parece que ha habido algunos problemas organizativos en Río, pero todos deberíamos reconocer a las autoridades brasileñas el mérito de haber garantizado plenamente la seguridad que ha hecho posible esta clebración de la paz mundial.

Una segunda lección de estos juegos es que, a pesar de todas las dificultades que nos impone la crisis económica, podemos constatar que el desarrollo del deporte es un proceso a medio o largo plazo, muy sensible a la variación de las circunstancias sociales o políticas. España dio el salto hasta alcanzar el sexto puesto por número de medallas a nivel mundial en 1992: 22 medallas en total, 13 de oro). Desde entonces ha decaído, pero en las olimpiadas de Río (17 medallas, 7 de oro y puesto 14 en el ranking mundial) se ha recuperado prácticamente el nivel de 1996 en Atlanta (puesto 13 a nivel mundial con solamente 3 medallas de oro). Además hay que añadir otra característica: las olimpiadas siguen siendo un espectáculo de primera línea, capaz de entusiasmar a cientos de millones de personas por todo el mundo.

Mientras tanto, la otra pata de la actualidad permanece tozudamente invariable. Rajoy no mueve ficha. Dice tener mucha prisa por dar salida a la investidura del nuevo presidente del gobierno, pero alarga los plazos hasta el ridículo de asumir el riesgo de que tengamos que ir a votarle de nuevo en el mismo día de la Navidad. Últimamente se están produciendo graves situaciones en la política mundial que nos pueden hacer dudar de¡ la salud del sistema: en Reino Unido el Brexit, en Estados Unidos el esperpento de Donald Trump, en Turquía o Venezuela, un semigolpe de estado latente o provocado que degrada la calidad del sistema democrático, en España un Parlamento incapaz de elegir gobierno y un presidente del gobierno incapaz de echarse a un lado para dejar paso a otra gente más capaz de que él.

Más alto, más fuerte, sí, señor Rajoy, pero sobre todo más rápido, por favor.

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2 comentarios en “Olímpicos

  1. Profesor, creio que hizo falta comentar lá crisis política de Brasil, con el dudoso proceso de impeachment. Un presidente interino abucheado en la abertura, que no se atrevió a participar de la clausura. El premier japonés se denegó a encontrarlo a hurtadillas, en una vejación diplomática. Hubo prisiones ilegales de assistentes portando carteles de protesta. Y tampoco se ve una salida….

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