El sentido de las cosas

Dice mi maestro, el profesor Bunge, premio Príncipe de Asturias de Humanidades y doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca, que no tenemos que buscar un sentido ni en cada una de las cosas concretas materiales que hay en el mundo,  ni en el mundo o el unvierso en si mismo, constituido por el conjunto de todas las cosas materiales. Nosotros mismos, los humanos, junto con  otros millones de especies biológicas somos parte de ese mundo y nuestras vidas en si mismas no tienen una finalidad propia. Nos regimos por las mismas leyes de funcionamiento, evolución y pervivencia a las que obedecen las estrellas del firmamento o las criaturas que pueblan nuestros océanos, Están ahí y nos recuerdan lo grande que es nuestro mundo o lo pequeños que somos como puntitos insignificantes  de ese mundo, pero dotados de curiosidad y capacidad para contemplar el  universo, extasiarnos ante él y amarlo porque somos parte de él.

Las vacaciones de verano son una  buena oportunidad para alejarnos un poco de las preocupaciones cotidianas y dedicar algunos minutos a dejar a nuestra imaginación vagar libremente, creando para nosotros fantasías sin límites. A quienes vivan en la ciudad les recomiendo que aprovechen alguna noche de verano para pasear por las estrellas. Verán fácilmente que el firmamento en la noche es luminoso, los puntos de luz se cuentan por millones y la luna, cuando está alta, parece una luminaria radiante que proyecta nuestra sombra sobre el campo para que no nos sintamos solos.

Tarde o temprano nos preguntaremos ¿qué sentido tiene todo esto? De quién es, por qué está ahí, qué hago yo aquí. Son las preguntar profundas que acompañan al hombre desde que empezó a razonar y a especular con ideas abstractas. Muchas de estas preguntas han dado lugar a creencias y mitos religiosos. Otras se han convertido en profundas reflexiones filosóficas. Al final de todo siempre termina apareciendo una convicción: estamos solos en el  universo y por eso somos los únicos responsables de lo que nos suceda. Las cosas no tienen sentido, pero nosotros podemos construir su sentido, dárselo, inventando teorías que nos ayuden a comprender el mundo, y diseñando aventuras que nos ayuden a recorrerlo y disfrutarlo, inventando nuestra propia vida en ese mundo.

Ni las cosas tienen sentido por si solas, ni el sentido es una cosa. El sentido de las cosas es lo que nosotros hagamos con ellas, es el sentido que nosotros les damos incorporándolas a nuestras vidas.  No hay escapatoria.

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