Los supuestos peligros de la impresión 3D

El Ministerio de Defensa tiene un Instituto Español de Estudios Estratégicos que de vez en cuando produce informes y análisis sobre cuestiones de interés para la defensa. Recientemente ha aparecido en su página web un documento con un título inquietante: Las impresoras 3D: Un desafío en la lucha de la proliferación de armas de destrucción masiva.

En realidad no se trata de un documento complicado, sino de un simple artículo de divulgación. En él no se proporciona ninguna información técnica novedosa, aunque si se lanzan algunos mensajes con intención alarmista. Primer mensaje: la tecnología 3D, como cualquier otra,  puede usarse para bien o para mal, cosa que ya sabemos desde que se inventó el hacha de sílex. Y segundo mensaje: las nuevas tecnologías de la impresión 3D son tecnologías intangibles, que facilitan y aceleran el proceso de conversión de una idea en una cosa material.

Hasta aquí  nada  nuevo ni extraordinario. Lo original del artículo es que, entre las cosas que se pueden hacer con impresoras 3D, se citan centrifugadoras para producir material radioactivo, o sustancias bioquímicas para construir armas de destrucción masiva. Y la autora del artículo se queda tan contenta, al parecer, insinuando amenazas horripilantes.

Qué hay de verdad y de interés en todo esto?

Cualquier que tenga una impresora 3D es su casa (las hay por menos de seiscientos euros) sabe que es un aparato tan simple y accesible como la más amable de las máquinas que pueda uno imaginar. Se trata de tres motores que sitúan un cabezal en un pequeño espacio tridimensional y depositan finas capas de un material plástico  fundido. Eso es todo. Sirve para hacer bombas atómicas lo mismo que un palillo sirve para excavar pozos de petróleo.

Nadie debería extrañarse de que los malos pueden usar una cosa tan simple para hacer cosas malas. Y está bien que el ministerio de defensa esté alerta sobre esos posibles usos malvados de una tecnología tan amable. Lo que ya resulta  más inquietante es el énfasis que en ese documento se pone en el supuesto carácter intangible de la tecnología, y en la idea de que, para controlar su uso, los gobiernos deben concentrar sus esfuerzos  en el control de la información. Esto podría llegar a constituir una seria amenaza para la libertad y la creatividad que la ciencia y la tecnología actuales hacen posibles.

Supongo que el Ministerio de Defensa no está pensando en eso cuando publica un documento tan inocuo como alarmista. Pero lo que no entiendo es en qué está pensando entonces.

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