El Toro de la Vega

Llevo varios días pensando si merecería la pena dedicar estos dos minutos de reflexiones y comentarios a un tema que sin duda es actualidad pero levanta pasiones difíciles de controlar. Como todo el mundo ya debe saber el gobierno regional de Castilla y León ha aprobado un decreto en el que se prohíbe torturar, herir y matar al Toro de la Vega. Qué necesidad tenemos  -pensaba yo- de meternos en estos berengenales? Pero, por otra parte, si callamos ante  un evento de tanta significación y actualidad ¿con qué derecho nos atreveremos jamas a hacer comentarios públicos sobre cualquier otro asunto de interés actual y de significación controvertida.

El Torneo del Toro de la Vega es (era, podemos decir felizmente ya) un espectáculo tradicional de la villa de Tordesillas, consistente en que un grupo de lanceros, a pie o a caballo, perseguían a un toro desamparado, en la rivera del río, clavándole lanzas hasta matarlo. La Junta de Castilla y León, gobernada por el Partido Popular lo ha prohibido y el ayuntamiento de Tordesillas (gobernado por el PSOE) ha puesto el grito en el cielo, siendo en ello apoyado y jaleado también por los concejales del Partifdo Popular (al parecer solo una concejala próxima Izquierda Unida mantiene el tipo y defiende la prohibición frente a todos sus colegas de corporación). Pues lo siento por el PSOE y el PP si ellos no son  capaces de imponer a sus concejales una actitud más razonable.

Porque, vamos a ver: ¿cuál es el argumento? Lo único que he oído decir a los defensores del Torneo  del Toro de la Vega es que se trata de una tradición que tiene más de 500 años de antigüedad. ¿Y qué? Hace quinientos años también se quemaban a brujas y herejes en Valladolid y no por eso vamos a reivindicar ahora esas entrañables fiestas religiosas de los autos de fe. Si todo lo que se puede decir en favor de esta horrible celebración es que se trata de una tradición muy antigua, mejor cambiamos de tema.

Un animal mamífero, con un sistema nervioso superior, como el de un toro, tiene sensibilidad al dolor, sufre y se altera gravemente  cuando se siente acosado, se asusta, tiembla y huye o ataca desesperadamente cuando le hieren, agoniza lentamente y finalmente muere desamparado en medio del campo y rodeado por una muchedumbre vociferante y exaltada que se alegra de su muerte. Me gustaría saber cuáles son los valores que hay detrás de este espectáculo. ¿Qué ganamos con él? ¿Quién se alegra de ver sufrir al toro? ¿Qué lecciones de civismo, humanismo, compasión y nobleza podemos transmitir a  nuestros niños en presencia de tales brutalidades?

Por una vez podemos decirlo de verdad: El Toro de la Vega ha muerto. ¡Viva! ¡Y que no vuelva a morir ningún toro más!.

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