Alta velocidad

Cuando yo vine a estudiar a Salamanca, tenía que trasladarme desde Segovia, donde vivía mi familia, varias veces al año por las vacaciones. Recuerdo aún aquellos viajes interminables, con trasbordo en Medina o, peor aún,  con un minitren de asientos estrechos y pinta de autobús destartalado, que no pasaba de sesenta kilómetros por hora y tardaba más de cuatro horas en hacer todo el trayecto.

El otro día estrené la nueva línea ferroviaria que une Salamanca y Madrid con  un tren de alta velocidad que pasa por Segovia y Medina. El viaje completo desde Madrid duró una hora y 35 minutos, y el trayecto de Segovia a Salamanca poco más de una hora. La comparación con los viejos tiempos me vino insistentemente a la cabeza: de repente Salamanca no era ya la misma ciudad a la que emigré de joven, sino una ciudad casi vecina a la que se va y viene en el día desde Madrid o desde Segovia en el mismo tiempo corto que los estudiantes actuales utilizan para  venir a clase desde Ávila, Zamora, Ciudad Rodrigo o Béjar. Así que este trozo de mundo en el que se desenvuelve, desde hace medio siglo, la mayor parte de mi vida profesional y familiar, se ha hecho mucho más pequeño. Ahora está todo a una distancia corta de una hora y algo, y no a la soporífera distancia de casi tres horas, como sucedía hasta hace poco.

Un cambio tan importante en la geografía de esta parte del mundo tendrá, con toda seguridad efectos notables en nuestra forma de vivir, de viajar y de trabajar. Y espero que a no mucho tardar se pueda hacer la evaluación de lo que la mejora del transporte y las comunicaciones han supuesto para la economía y la vida de los ciudadanos. (Para empezar acaba de publicarse el dato de que, en el año 2015, el AVE ha tenido  30 millones de usuarios en toda España. Espero que sepan valorarlo quienes tacharon de despilfarro la construcción del primer AVE Madrid-Sevilla en 1992).

Esperemos que RENFE aproveche bien el tiempo para afinar su servicio. Algunos viajeros más experimentados que yo se quejan de ciertos retrasos en los nuevos trenes y muchos piensan que solo tres trayectos al día de alta velocidad entre Salamanca y Madrid, no son suficientes.  Sin duda hay que dar tiempo al tiempo y esperar que el nuevo servicio se ajuste a las necesidades de los usuarios. Mientras tanto yo procuraré seguir disfrutando del nuevo tren y desquitándome de las horas interminables que pasé en los trenes que me traían a Salamanca cuando era un estudiante.

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