Manipulación genética de embriones humanos

Acaba de saltar a las portadas de la actualidad una noticia con cierto aire sensacionalista. Por primera vez, han dicho los medios de comunicación, se autoriza en gran Bretaña un proyecto de investigación para manipular y alterar genes de embriones humanos.

Quizá nos acordemos del monstruo de Frankenstein o de las ya casi olvidadas diatribas a las que asistimos hace años en España, a propósito de la autorización de investigaciones con células madre embrionarias. Por otra parte, también es posible que algunos encuentren en la noticia un nuevo motivo de queja y lamentación. Algo así como: de nuevo la ciencia internacional nos toma la delantera y en España seguimos en el furgón de cola, etc. etc.

Bueno, veamos algunas precisiones. En primer lugar, y con carácter general, la investigación con embriones humanos no tiene nada que  ver con la mitología Frankenstein (llamémoslo así). Desde que se iniciaron las técnicas de fecundación in vitro existen disposiciones legales que regulan el uso de embriones para fines de investigación. La primera ley que regula estos temas en España es nada menos que de  1988 y fue pionera en Europa. Después se modificó en el 2003 y en el 2005 para extender la regulación a las nuevas técnicas de investigación con células madre y al control de los experimentos de clonación.

Lo que se ha autorizado ahora en Gran Bretaña es un nuevo tipo de investigación con embriones humanos, derivada de una nueva técnica de manipulación del ADN (la técnica CRISPR, como se denomina en la jerga científica) cuyo descubrimiento la revista Science considera que es el acontecimiento científico más importante del año 2015. Se trata de una técnica que permite manipular trozos de ADN de forma eficiente y rápida, y que sirve para suprimir, cortar o modificar determinados genes de una célula. El proyecto ahora autorizado se propone utilizar esta técnica para manipular algunos genes del embrión humano en los primeros días de gestación, genes que intervienen en el desarrollo de la placenta y en los procesos de implantación del embrión, lo que permitirá comprender mejor algunos mecanismos presentes en los abortos naturales, entre otras cosas.

Naturalmente la legislación no permite aplicar estas técnicas con fines reproductivos, ni en España ni en ningún país de Europa. Los blastocistos (embriones de unos pocos días) utilizados en estos experimentos no se podrán implantar en un útero real para que continúe el desarrollo embrionario. La manipulación de embriones derivados de las técnicas de fecundación in vitro, solo está permitida para fines de investigación terapéutica. Y así seguirá siendo al menos en países civilizados. La manipulación genética es una herramienta demasiado poderosa como para que nos permitamos correr el riesgo de que sea utilizada de forma irresponsable. El turno del Dr. Frankenstein no ha llegado todavía y seguramente no llegará.

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