Parada de emergencia

Los ingenieros mecánicos saben muy bien que toda máquina, cuyo funcionamiento pueda representar un peligro para el operario que la maneja, debe disponer de un botón de parada de emergencia. Suelen ser rojos, con forma de seta,  y deben estar bien visibles y accesibles. Su función consiste en interrumpir el flujo de energía de la máquina para que esta se detenga inmediatamente. Y para que funcionen bien deben ser capaces no solo de interrumpir el funcionamiento normal de la máquina, sino también de impedir que la máquina vuelva a ponerse en marcha sin una intervención especial.

En realidad todas las máquinas deberían tener un botón de emergencia bien visible y accesible,  que nos recordara que somos nosotros quienes dominamos a la máquina y no a la inversa. Debería hacerse obligatorio, por ejemplo, que cualquier dispositivo electrónico, programa de ordenador, o máquina doméstica pudiera cerrarse de forma instantánea sin que ello tenga consecuencias indeseables y sin que impida el posterior funcionamiento correcto de la máquina cuando se la vuelve a encender.

Pues bien, consideremos ahora la sociedad en su conjunto como una máquina especialmente compleja con sus componentes económicos, políticos, culturales, sus instituciones y sus normas de funcionamiento. Hay situaciones en el funcionamiento de una sociedad que no permiten arreglos y ante las cuales la única opción sensata es pulsar el botón de parada de emergencia, para poner la máquina en punto muerto, volver a reciclar sus elementos y reiniciarla después con nuevas  perspectivas más prometedoras. Por ejemplo, si ahora mismo en España dispusiéramos de un botón de parada de emergencia, podríamos usarlo para bloquear el funcionamiento corrupto de una institución, para suspender un estatuto de autonomía o para desactivar el deterioro continuo de las instituciones democráticas.

Las paradas de emergencia tienen también sus peligros.  Parar de repente una máquina puede hacer que se deteriore alguna de sus partes. Pero no pararla de forma rápida y efectiva puede acabar no solo con la máquina sino también con la integridad de sus usuarios.

Me temo que la situación actual de la maquinaria social en España está pidiendo a gritos una intervención de emergencia. La economía solo funciona desplazando a millones de españoles al desempleo y la pobreza. Las instituciones políticas están completamente desprestigiadas y pronto veremos cómo la identidad política ciudadana se fragmenta en decenas de cantonalismos locales si el famoso procés de Cataluña sigue adelante. ¿Dónde está el botón de parada de emergencia para  España? ¿Quién lo puede pulsar? ¿Cómo se hace?

Son buenas preguntas para que responsa un ingeniero social o quizá algún líder político con sentido de la responsabilidad.

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