El acuerdo de París

París va camino de consagrarse como la referencia emblemática de los grandes cambios históricos que han contribuido a configurar nuestra civilización. Fue el lugar de la Ilustración y  de la Revolución ciudadana contra el Antiguo régimen en el siglo XVIII. Su torre Eiffel es el símbolo universal de la revolución industrial del siglo XIX. Y ahora, en el siglo XXI, París ha sido la sede del primer acuerdo mundial sobre el cambio climático. Hace unas semanas fue brutalmente golpeada por el fanatismo religioso de unos cavernícolas de otras épocas disfrazados para la ocasión como fundamentalistas islámicos. Pero la ciudad ha revivido, y absorbido el enorme potencial del acuerdo sobre el cambio climático haciéndolo suyo y dándole su nombre para la historia.

Hay quien puede pensar que la cosa no es en realidad para tanto. Las discusiones sobre cambio climático se iniciaron  hace años, los efectos de la contaminación antropogénica sobre la temperatura del planeta son cada vez más evidentes y su reparación más perentoria, así que las medidas aprobadas en el acuerdo de Paris (incluida la dotación de cien mil millones de dólares para ayuda a los países menos desarrollados y más expuestos), pueden considerarse insuficientes. Siempre hay quien desearía que los líderes mundiales hubieran tomado medidas más drásticas, coercitivas y radicales, para luchar contra el cambo climático.

Pero recordemos: aquí mismo, en España, hace unos pocos años el hoy todavía presidente del gobierno bromeaba con el cambio climático apoyándose en la autoridad científica de su primo el catedrático de física. Ha pedido disculpas, desde luego. Y le habrán sido concedidas, imagino. Pero lo que ha pasado hoy en París hace que nunca más ningún líder político bromeará impunemente sobre estas cuestiones.

Cuando hace 65 años se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos también hubo quien se quejaba de que se trataba solo de una declaración. Y hoy todavía muchas personas exigen pasar de las palabras a los hechos y reclaman una tutela más efectiva de los derechos humanos por la comunidad internacional. Pero esto se puede hacer hoy porque entonces se aprobó esa declaración. Es injusto e imprudente despreciar el valor de las declaraciones. Estas pueden servir como coartada para “no hacer nada” pero también como señal de alerta para movilizar recursos en pos de nuevos objetivos.,

El problema del calentamiento global de la atmósfera y del cambio climático ha sido una cuestión controvertida durante décadas. Hoy es un objetivo declarado para toda la humanidad. El acuerdo de París es pues un hito histórico. A partir de él no discutiremos ya si el calentamiento global es un problema sino cómo hacerle frente y como detenerlo. Y eso es algo más que algo. Es mucho más que lo que teníamos hasta ahora. Bienvenidos a Paris.

Onda Cero Salamanca 15/12/2015

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